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viernes, 26 de agosto de 2011

ESPAÑA SUPRIME LA DEMOCRACIA: Alemania ha dicho basta

Durante estos días se suceden hechos de enorme importancia, que se van incorporando a nuestras vidas casi sin darnos cuenta: se reforma la Constitución, el mercado laboral, se cambia el impuesto de sociedades, se quieren quitar las diputaciones…¿Qué está pasando? ¿Tan grave es la situación?

Aunque ya avisamos de lo que se nos venía encima el día 17 de agosto en el artículo “AYER SE ACABÓ LA UNIÓN EUROPEA: España, qué pena me das…”, creo que es bueno hacer una cronología de los hechos, y las graves consecuencias que están trayendo para nuestro país y su democracia, que -de facto- ha quedado en suspenso.

Hoy mismo, la portavoz de un grupo parlamentario minoritario decía en una entrevista que había tenido una alarmante sensación en el reciente debate sobre las nuevas medidas económicas. Parecía que todo era una pantomima, para declarar lo que habían acordado los dos partidos mayoritarios al dictado de Alemania: el cambio de nuestra Constitución.

Pero vayamos a los acontecimientos vividos estos últimos días:

1) Alemania ya llevaba tiempo dándose cuenta de que la situación de algunos países en Europa estaba realmente mal.

Pero cuando aún no se ha completado el rescate de Grecia y Portugal, la situación en España se pone aún más preocupante. Y de repente aparece el gran agujero de Italia.

2) Aunque Alemania descarta salirse del euro, ve que le es cada vez más difícil tirar del resto de Europa.

Las ventajas de tener un gran mercado europeo no le compensan las enormes desventajas de tener que cargar con la deuda del resto de países.

3) Se publica el dato de crecimiento de Francia, que es prácticamente cero.

En ese momento los mercados se lanzan a atacar a Francia, con la idea de hacer que el euro caiga. Al final aparece que el ataque era más especulativo que otra cosa, pero muestra que el euro podría caer si los envites de los mercados se siguen sucediendo.

4) Alemania descubre por sorpresa que su crecimiento en el segundo trimestre del año ha sido prácticamente nulo.

Ángela Merkel se da cuenta entonces de que el daño que le está haciendo a Alemania la mala situación económica del resto de Europa es más importante de lo que pensaba. Si se tiene además en cuenta que la economía germana no está creciendo, el ataque de los mercados a Alemania es sólo cuestión de tiempo.

5) Alemania decide salirse de facto de Europa, y actuar por su cuenta. No dejará el euro para volver al marco, pero actuará como si el euro fuera sólo suyo.

A partir de ahora no se prestará dinero del Banco Central Europeo a los países en dificultades -especialmente España e Italia- sin que cumplan las condiciones que imponga Alemania.

6) En un hábil movimiento, Sarkozy consigue que se forme un eje franco-alemán.

Esto conviene a Alemania, puesto que no aparece como la única que toma las decisiones.

Francia pasa así a formar parte del nuevo centro de poder. Y para entrar en ese eje adopta por sí misma y antes de que se lo pidan, todo lo que pretende Alemania:

- Pone un límite legal al déficit en el que puede incurrir cada año.
- Sube toda una serie de impuestos.
- Reduce el gasto público.
- No sólo no pide eurobonos, sino que indica a los demás países que no es lo adecuado.

Lo primero que hace el eje franco-alemán es poner las cosas claras a los dos países problemáticos -Italia y España-: No se les comprará más deuda si no cumplen unas duras exigencias que no admiten discusión alguna. Así que tienen dos opciones: o adoptarlas inmediatamente o irse a la quiebra.

Les hacen llegar además a los presidentes de ambos países las condiciones por escrito, aunque firmadas por el Banco Central Europeo por mantener las formas. El Presidente español, con cierta fama de un exceso de flexibilidad a la hora de adoptar medidas, hace llegar de inmediato a Alemania que dichas medidas se cumplirán.

¿Qué hace Italia?: Silvio Berlusconi comparece en público anunciando medidas dramáticas, que incluyen suprimir ayuntamientos y hasta regiones.

¿Y qué hace España? Pues decide un modo de proceder que reflejan la juventud de nuestra democracia: No habrá grandes discusiones políticas (Alemania dejó claro que no había tiempo, que las medidas tenían que tomarse inmediatamente); el Presidente no comparece en público para anunciar las fuertes exigencias que se nos venían encima; se decide que se harán las cosas de inmediato y sin debate, ni público ni en el Parlamento: No hay tiempo que perder.

El Presidente contacta con el líder de la oposición, que ya es consciente de la gravedad de la situación por su cercanía a Ángela Merkel. Le anuncia las medidas que hay que adoptar y que le ha hecho llegar el Banco Central Europeo. Son exigencias y no propuestas.

De manera paralela, el Presidente pone al corriente al candidato de su partido de lo que va a venir. Éste no tiene más remedio que avisar a los pesos pesados de su formación de las exigencias que se van a ir adoptando. Muchos deciden abandonar el barco, especialmente en cuanto aparecen las primeras medidas impuestas por Alemania.

¿Y qué ocurre entonces?:

1) Se convoca al Parlamento para aprobar una serie de medidas económicas sin mucha importancia.

Se anuncia entonces por sorpresa el cambio en la Constitución como algo necesario e irrebatible: se pondrá un techo al déficit. Se hará además siguiendo el modelo adoptado por Alemania en su Constitución.

Dado que la oposición se ha visto obligada a apoyar en todo al Gobierno por la mala situación económica, y sienten que no se les ha dado espacio más que para firmar, intentan que al menos el Presidente desvele que ha obrado al dictado de Alemania, y que refleje así sus errores ideológicos. No lo hace. Piensa que ya tiene bastante con actuar contra su voluntad por exigencias exteriores.

2) Se toman toda una serie de medidas para recibir ingresos a corto plazo, y no parecer que sólo vamos al Banco Central Europeo a lavar nuestra deuda sin exigir a nuestros ciudadanos:

- Se cambia el impuesto de sociedades, de tal forma que las empresas grandes paguen ya a cuenta una mayor cantidad del impuesto.

- Se está estudiando resucitar el impuesto de patrimonio y una subida de tipos a las rentas más altas.

- Se analizan otras privatizaciones que reporten altos ingresos, similares a las de Loterías y los aeropuertos de Barajas y el Prat.

3) Se flexibiliza el mercado laboral:

- Se amplía el contrato temporal de tal forma que se pueda encadenar más de dos años seguidos.

- Se extiende el contrato en formación y en prácticas.

4) Se estudia el adelgazamiento del estado a todos los niveles:

Se ha lanzado el globo sonda de las diputaciones, pero se espera una reforma de más calado, al estilo italiano.

¿Os imagináis todo eso sucediendo hace sólo un año, sin tener más debate que una convocatoria parlamentaria en agosto? ¿Dónde está la oposición política? ¿Y los sindicatos?

Y sobre todo: ¿dónde está la soberanía popular? Ni siquiera se le consulta para cambiar la Constitución, porque por un recoveco evita que sea estrictamente necesario…

Conste que no digo que la situación no sea de extrema gravedad. Tampoco creo que sea el momento de andar con dudas cuando caminamos por el borde del precipicio. Tal vez haya que poner nuestras voluntades en manos de los líderes elegidos, y que de facto la democracia quede en suspenso con el proceso que se está siguiendo con la Constitución...

Pero cuando dependemos exclusivamente de las decisiones de una nación extranjera -Alemania- y su líder, pienso que al menos hay que decir a los ciudadanos la verdad. Que alguien comparezca y nos diga que las cosas están mal, y que ya no es el momento de las culpas ni del titubeo, sino de las medidas extraordinarias. Que nuestro futuro va en ello y por eso se actúa de esa manera.

Tal vez no podemos esperar un discurso como el de Churchill (puede leerse en nuestra entrada del día 17 de agosto), pero sí deberíamos tener a alguien con la suficiente talla política para explicarnos qué está pasando y qué va a pasar, de verdad, sin componendas, y  sin que tengamos que descubrirlo cuando son ya hechos consumados. Sería lo deseable. También exigible. En democracia.