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lunes, 23 de enero de 2012

BLANCAESTADO, LOS BANCOS Y LOS SIETE CONTRIBUYENTES

Hace muchos años, vivían en el bosque siete enanitos. Todos los días iban a trabajar alegres a una mina cantando: "ahí voy, ahí voy, a la mina a trabajar..."

Y tras la dura jornada, de nuevo el camino de vuelta, pero aún más felices: "Ahí voy, ahí voy, a casa a descansar..."

Pero un día, al llegar a su hogar, les esperaba una sorpresa:

- "¡¿Qué es eso en la cama?!", gritó uno.

- "Ooooh", dijeron todos a coro: "¡Es Blancaestado!"

Y en ese momento, se despertó Blancaestado; y desde entonces se dedicó a organizar la vida de los enanitos.

Blancaestado comía mucho, pero con lo que los enanitos sacaban de la mina, no tenían problema en comprar alimento para todos. Además -pensaban-, cuando tengamos alguna necesidad, Blancaestado nos ayudará.

Un día, al volver a casa, se encontraron con que alguien había construido una enorme alberca:

- "¿Quién ha hecho esta inmensa alberca?"

- "La he encargado yo", replicó Blancaestado.

- "¡Pero si nosotros no sabemos nadar!"

- "Jajaja", se reía Blancaestado. "Ya aprenderéis. Sólo he tenido que ir al prestamista y he conseguido que sea él quien la pague"

Al poco tiempo, los enanitos notaron que faltaba comida en la despensa:

- "¿Qué ha pasado con nuestra comida, Blancaestado?"

- "No os preocupéis, es que he tenido que darle una poca a los prestamistas"

Así que desde entonces tuvieron que trabajar dos horas más, porque tenían que comer de su trabajo ellos mismos, Blancaestado y los prestamistas.

Un día hubo una gran inundación en la mina, y los enanitos quedaron atrapados; con el agua al cuello. Empezaron a gritar pidiendo ayuda a Blancaestado, que como había crecido mucho con su alimento, seguro que les podría ayudar:

- "¡Blancaestado, ven en nuestro auxilio!"

Pero no acudió: Blancaestado se había ido con el príncipe prestamista. Y se había olvidado de ellos.

Se quedaron solos... Ante la crisis. Infelices. Y sin perdices. Se las había comido todas la parejita.