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viernes, 21 de diciembre de 2012

LA HORMIGUITA DE SAN ILDEFONSO


La hormiguita salió como cada mañana en busca de comida. Hacía sol y no amenazaba lluvia, con lo que tenía la ilusión de encontrar algo que le permitiera pasar el invierno.

De repente se topó con algo que no imaginó ni en sus mejores sueños: un inmenso montón de trigo; allí en mitad del campo, tal vez olvidado o dejado caer de algún carro de simiente.

Y abriendo su boca, cogió un grano, y luego otro y otro, hasta comérselos todos y reventar del atracón.

Un momento, Jesús, así no puede ser la fábula. Eso no me cuadra. Las hormigas no se comportan así: Ya estás cambiando el final.

Entonces, la pequeña hormiguita, tan alegre como estaba de haber encontrado el montón de trigo, llamó a un grupo de pájaros, que fueron y se lo comieron todo.

Vamos a ver: ¿me tomas el pelo? ¿De qué va esto, de que la hormiga es tonta? Anda, cuenta algo que tenga sentido.

Pues la hormiguita, tan contenta como estaba del hallazgo, fue transportando el trigo hasta dejarlo en un hormiguero. Pero cuando fue a llevar el último grano, vio que el hormiguero había cerrado, y sus granos habían desaparecido.

Vaya con la fábula. Yo sólo quería preguntarte qué puedo hacer si me toca la lotería...

La hormiga, tras comerse un solo grano, decidió buscar un lugar seguro, lejos de los pájaros y los hormigueros, para poder tener alimento mientras durara el largo invierno que se avecinaba.