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jueves, 9 de octubre de 2014

ANTONIO Y SUS DEPÓSITOS: La crisis le pasa por el agujero



Antonio era un hombre trabajador por lo general. No podemos decir que no le gustara la fiesta, pero cuando tocaba trabajo se empeñaba con verdadero afán.



Lo suyo eran los equipos de riego, a base de grandes depósitos que construía a una cierta altura, con tuberías que bajaban hasta los campos que se beneficiaban del agua tan necesaria. 



Durante años le fue bien, tanto que se permitió lujos que ahora estaba pagando: ese piso demasiado grande y un coche que nunca debió comprar.



Se sentía culpable por todos esos gastos excesivos, tal vez porque continuamente oía un mensaje que era como un martillo en sus oídos: Has vivido por encima de tus posibilidades.



Por eso ahora le tocaba trabajar como nunca, para pagar esos errores. Y se pasaba todo el día construyendo depósitos y tuberías, para cobrar también menos que nunca.



Pero los clientes no estaban contentos, porque a pesar de sus esfuerzos, el agua no llegaba nunca con fluidez a regar los campos:



- Antonio, ya no trabajas como antes -le decían-: Se te ha olvidado al vivir por encima de tus posibilidades -le machacaban-.



Pero él no se lo explicaba. Dentro de su profundo sentimiento de culpa, trabajaba de sol a sol y nunca llegaba bien ese agua por mucho que se esforzase.



Hasta que un día se hartó y decidió comprobar qué pasaba con ese agua que siempre salía escasa. Y revisando el depósito que tanto le costaba construir y llenar, se dio cuenta de la causa de sus males:



El depósito tenía un agujero por el que se salía el agua. Se escapaba hacia los EREs, la Gürtel, las tarjetas de Caja Madrid...



Ellos sí que habían vivido por encima de sus posibilidades; pero las de Antonio. Y millones de Antonios que se esforzaban, con sentido de culpabilidad, en salir adelante.



Y tal vez por eso no salían adelante. O con mucha más dificultad.