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viernes, 5 de octubre de 2012

LAS COSAS CLARAS. Viene la guerra: que no te quiten la maleta


Por tercera vez desde que se creó este blog, realizamos un alto en el camino ante unos hechos que me parecen lo suficientemente graves como para hacerlo; porque afectan de manera especial al ciudadano.

Hemos pasado de un "jamás necesitaremos un rescate" a "tenemos que estudiar las condiciones del rescate", para finalmente casi suplicar que nos rescaten; cuanto antes pero sin llamarlo así.

Ya hemos insistido en que un rescate es un fracaso: El de no poder dirigirnos soberanamente, y necesitar que venga alguien de fuera a hacerlo.

Se trata de una derrota sin admitirla, y sin que los responsables -de uno y otro lado- se vean derrotados, sino que se alían con los que vienen de fuera para echar las culpas -y las cargas- sobre los ciudadanos.

En las numerosas reuniones que estoy teniendo individualmente con los que me lo pedís, el tema más común viene siendo qué hacer con los pequeños o no tan pequeños ahorros (los que disfrutáis de esa suerte).

Miedo. Miedo es lo que más percibo, pues veis con recelo a unos bancos de los que ya no os fiáis. Y miedo por si el devenir de España y su sistema financiero os hace perder vuestra seguridad futura; tanto tiempo trabajada.

Pero desde hace un tiempo, ha surgido un elemento nuevo: Las consultas sobre las propuestas más o menos variopintas que os proponen para esos ahorros.

Mi primer consejo es siempre acudir a la abuela, para el que la tenga, y proponerle la "inversión" que tenéis en mente:


LOS AHORROS DE LA ABUELA CLARA

Durante mucho tiempo, la seguridad en España se contaba por el dinero que se tenía cerca de donde se dormía; por si había que salir corriendo. Se trataba de personas que habían corrido, de pequeñas o ya más mayores, como consecuencia de la catástrofe de la guerra.

Hoy en día las catástrofes son más sibilinas, y ya no hay que correr: Se sufre dentro de casa. Sibilinas y ocultas, en nombres más o menos dulcificados: La guerra es crisis, y la derrota rescate.

Pero aunque el sufrimiento se oculte con seda, sufrimiento se queda. Por eso resulta bueno hablar con esas personas que han vivido el sufrimiento de la guerra; y sus consecuencias.

Constataremos entonces que la abuela Clara tenía el dinero a buen recaudo, en un sitio que le daba tranquilidad. Así que la primera pregunta que has de hacerte es:

¿Estás tranquilo con el sitio donde tienes tus ahorros?


UNA BUENA INVERSIÓN PARA LA ABUELA CLARA

La abuela tenía el dinero en casa, cerca, por si tenía que salir corriendo... Y entonces esos billetes le servirían para dar de comer a los hijos, o comprarles ropa de abrigo.

En aquella época, parece que la gente tenía menos luces que nosotros, menos formación, y por eso no tenían bonos, pagarés de bancos, ni siquiera plazos fijos... Sólo rústicas y sencillas cartillas de ahorro, donde se anotaban sobre todo pequeños ingresos de dinero

Por eso la segunda pregunta que debes hacerte es:

¿Eran nuestros abuelos realmente tontos y nosotros realmente listos?


LOS BILLETES DE LA ABUELA CLARA

La seguridad la contaba en billetes. Aunque también tenía sus joyas; por si tenía que venderlas, muy a su pesar.

Pero las joyas eran recuerdos, para ponérselos y recordar, no una inversión. Ella no invertía en belleza: era bella.

Y si en esos tiempos donde pensaba que tal vez tendría que correr, le hubiesen propuesto cambiar su seguridad, sus billetes, por más joyas (por oro), nos habría dicho: "¿Voy a darle mis billetes a alguien a cambio de su oro, para luego ir a suplicarle que me dé mis billetes de vuelta cuando los necesite? ¿Y si no me los quiere devolver?

Por eso, la tercera pregunta que tienes que hacerte es:

¿Hay algo que te dé más seguridad y utilidad en caso de necesidad que el efectivo?


La abuela Clara no era la más lista, ni entró nunca en la universidad. Pero sacó adelante a su familia. Y tras unos años locos, ahora sus nietos han dejado de pensar que ellos eran más listos que sus padres, y que sus abuelos.

Viene la guerra. Esa guerra que no pudo con Clara. Si tienes abuela, pregúntale cómo lo consiguió. Y si no, trata de pensar cómo actuaría la tuya.

Que cuando haya que correr no vayas sin maleta... Las cosas claras.