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miércoles, 7 de septiembre de 2011

NUESTRA ECONOMÍA A LA MÁXIMA VELOCIDAD: Frena tú, Ángela

El lunes fue de los de olvidar en los mercados, y especialmente en España. Y ayer martes el batacazo fue de escándalo. La bolsa ha bajado en los dos días más de un 6%.

Y como las noticias primero se niegan, para luego darlas por hecho, pues el hecho de que estemos en recesión comienza a no discutirse: los datos nos lo dicen a gritos.

Al final va a ser como este blog, que cuando no hace ni un mes nacía con el título "diario de la quiebra (de España)", parecía un poco apocalíptico. Y mira por donde nos acabamos de enterar que en agosto estuvimos al borde del precipicio...

Siempre la misma historia: tratarnos como a niños pequeños que no pueden enterarse de la realidad. Una realidad que nos dulcifican, para luego darnos el susto a toro pasado. El problema es que ahora no paran de pasar toros...

Porque en realidad, ya saben nuestros dirigentes que ese borde del precipicio ya lo hemos pasado. Ahora estamos con la respiración asistida del Banco Central Europeo, pues como Alemania no quiere regalarnos los eurobonos, no para de comprar nuestra deuda para que parezca que el enfermo está sano.

No es casualidad que en nuestro afán de dar a los lectores armas de juicio de la realidad, sin intereses ni lenguaje políticamente correctos, estemos centrados esta semana en la prima de riesgo. Es un dato objetivo que -guste o no- marca el estado de nuestra economía; la veracidad de los mensajes que nos lanzan.

Y ahora que algunos dicen que no hay recesión, que en todo caso una desaceleración más pronunciada; cuando quieren mantenernos en casa con la música alta para no oír lo que ocurre fuera...¿Quién llama fuerte a nuestra puerta?: ¡La prima de riesgo!

Después de nuestro artículo del lunes (“LA PRIMA DE RIESGO Y LOS EUROBONOS: ¡A la rica naranja!”  http://goo.gl/9vz9B ), donde se trataba de aclarar por qué Alemania no quiere los eurobonos - precisamente por la prima de riesgo de países como el nuestro-, uno de los lectores me pregunta si la prima que hemos alcanzado esta semana (330 puntos) es ya demasiado alta; si es peligrosa.


Sabemos ya que la prima de riesgo española es la diferencia entre los intereses que pagamos nosotros por pedir prestado para pagar nuestra deuda, respecto a lo que paga Alemania. Así, si los alemanes pagan un 2% y nosotros un 5,3%, nuestra prima de riesgo es de 3,30%.

En economía, que a la que a veces gusta enrevesar las cosas, se dice que nuestra prima de riesgo es de 330 puntos (lo mismo que un 3,30%).
Ahora bien, ¿cuál es la prima de riesgo adecuada?, ¿cuál es la peligrosa?. Muy sencillo:

Nuestra prima de riesgo es como la velocidad de tu coche cuando vas por una autopista: Puedes ir a distintas velocidades, pero no es recomendable pasarte con el acelerador, pues corres el riesgo de quedarte en la cuneta.

- Puedes ir a 100 km por hora, es decir, tener una prima de riesgo de 100 puntos (el 1%). De esta forma vas muy seguro. No tienes riesgo de accidente y el coche (la economía) no sufre. Pides un poco de dinero prestado (deuda) para hacer crecer más tu economía. Como no pides mucho, el interés que te cobran es poco. 

Pero por otro lado, tus acompañantes (los ciudadanos) te dicen: hombre, anímate un poco y no seas tan “miedica”, písale un poco más. Es decir, gasta un poco más en obras públicas, dar subvenciones... Y endéudate, que tampoco pasa nada.

- Y entonces, casi sin darte cuenta, el coche se te pone a 150 por hora. O sea, la prima de riesgo es de 1,5%: pagas por tu deuda, que ya es más grande, un 1,5% más que Alemania.

A 150 km por hora no vas del todo mal. El coche sufre un poco más (la economía no crece tanto porque los préstamos de los bancos a las empresas, que se guían por la prima de riesgo, son más caros). Pero, poniendo atención, consigues no salirte en las curvas.

Como ves que después de unos kilómetros no te has salido, y el coche aguanta, te endeudas aún más, y construyes infraestructuras que no son del todo necesarias, celebras grandes eventos, creas empresas públicas y contratas muchos asesores…

- Y el coche se te pone a 220 por hora. La prima de riesgo es ahora del 2% (200 puntos). Tu deuda empieza a ser muy grande y los bancos te cobran más intereses por prestarte.

Y te asustas. Ya no es tan fácil controlar el coche en cada curva, porque te acercas demasiado al guardarraíl. Además, el motor empieza a emitir ruidos raros: las empresas cierran porque no tienen crédito, el paro sube mucho…

Intentas a la desesperada frenar el coche, y cortar el enorme gasto de las administraciones públicas. Pero la inercia es tan grande, que por mucho que intentas frenar, vas cada vez más y más rápido.

- Entonces miras el cuentakilómetros y marca 330 por hora (nuestra prima de riesgo actual). El coche ya es ingobernable. Derrapa y está a punto de estrellarse en cada giro. Ya ningún banco quiere prestarte para que pagues tu deuda, ni siquiera al 3,3% más que Alemania.

Pides ayuda a otro vehículo que te cruzas, con matrícula BCE (Banco Central Europeo) y conducido por una alemana. Este coche, en un intento desesperado por pararte, se sitúa delante del tuyo, y consigue reducir tu velocidad a 300 (por eso la prima de riesgo baja de 330 puntos a 300 de modo artificial, porque Alemania hace que el BCE nos compre nuestra deuda -que no debería hacerlo- para que en los mercados parezca que sí hay bancos que la quieren)

Pero los frenos del vehículo BCE empiezan a echar humo tratando de ayudarte (te tiene que comprar casi toda tu deuda, porque nadie lo hace), y no para de decirte la alemana con la mano que trates tú también -y tus acompañantes, los ciudadanos- de frenar (que gastes no ya un poco menos, sino muchísimo menos).

Le contestas a voces que no puedes, que no te atreves a bajar la radio –que la tienes a tope con música chill-out- y decirle a tus ciudadanos que os vais a estrellar, porque no les has dicho nada hasta ahora y se van a asustar (no aceptarán los tremendos recortes necesarios, para no gastar tanto y para pagar la deuda existente).

La alemana del coche del BCE agarra un gran enfado. Además, los ocupantes de su coche no paran de decirle que se quite de delante tuyo y te deje estrellarte solo, o se van a estrellar ellos también. Y que o lo hace ya o dejarán de votarla.

Y así vamos. Sin frenos y dependiendo del BCE. De Ángela Merkel y de sus votantes alemanes. Y pidiéndole a San Cristóbal que no llegue una gran curva… Y que no deje de ayudarnos Alemania.

Nosotros no tenemos frenos: Los vendimos para comprar más gasolina.

Muy preocupante. Sehr beunruhigend.