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martes, 2 de octubre de 2012

HACIA EL RESCATE (I): Anselmo y Gabriela, la traducción de un cuento


 - Papá, cuéntame un cuento.

- Bueno, hija, pero luego te duermes. ¿Vale?

- Sí, pero cuéntame el de Hansel y Gretel…

Anselmo y Gabriela eran un autónomo y una mileurista que vivían en una bonita casa, con su papá Estado y su mamá Banca. Allí pasaban los días felices, con abundante comida y dando paseos por sus puentes, AVEs, aeropuertos y palacios de congresos.

Pero una tarde llegó la gran tormenta de la crisis, y Anselmo y Gabriela se asustaron mucho. Así que fueron corriendo a casa para protegerse. Esa noche no hubo cena, y al irse a dormir oyeron a sus padres decir que no había dinero para todos, y que no tendrían más remedio que abandonar a sus hijos en el bosque.

A la mañana siguiente, salieron todos camino del bosque, pero Anselmo cogió un pedazo de pan y fue dejando unas migas de empleo por el camino. Pero el camino de la crisis fue tan largo, que todo el bosque se llenó con cinco millones de migas.

Al cabo de un tiempo, papá Estado y mamá Banca les dijeron que reposaran tranquilos, que aún les quedaba un largo camino a pesar de los recortes que estaban haciendo. Pero de repente mamá Banca se dio cuenta de que Gabriela tenía algo bajo la ropa; y al hurgar en su nómina descubrió que eran algunos ahorros.

“Pero Gabriela, si tienes ahí dinero…”. “Sí mamá Banca, es por si la tormenta de la crisis dura mucho”. “Anda, no seas tonta, mileurista… Déjame el dinero a mí, que lo guardaré preferentemente para que no lo pierdas”

Y así fue como el autónomo Anselmo y la mileurista Gabriela se quedaron sin empleados y sin ahorros.

- Pero papá, ¿y qué ocurrió entonces? ¿Se quedaron con sus padres?

- No, hijita, sus padres se fueron corriendo y los dejaron solos en el bosque en medio de la tormenta de la crisis.

- ¿Y qué paso con los pobrecillos?

- Pues que estuvieron andando toda la noche en medio de la tormenta, hasta que divisaron a lo lejos una cabaña. Llamaron a la puerta y salió una viejecita, que al verlos sonrió y…

- ¡Qué bien papá!

- Espera hija… Al verlos sonrió y los invitó a…

- Jo, papá, menos mal, ¡estaban rescatados!

- No te adelantes, hija…. Les invitó a quedarse… Afuera, y no molestarle, que estaba con otros invitados en casa.

- Pues vaya cuento, papá. ¿Y se quedaron afuera, abandonados de su papá Estado y mamá Banca?

- Sí. Y ya toca que te duermas.

(…)

- Papá, ¿cómo se llamaba la viejecita?

- Ángela, hija, se llamaba Ángela.