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martes, 26 de marzo de 2013

CAPERUCITA AHORRADORA Y EL LOBO BANCARIO: El cuento de nunca acabar


Caperucita Ahorradora era una niña buena y diligente. Por eso su madre le confió sus ahorros para que se los llevase a la abuelita, y que los guardase en su colchón.


Sin embargo, le advirtió antes de marchar que tuviese cuidado con el Lobo Bancario, ya que el cazador se había ido de la zona y no cuidaba de mantenerlo alejado.

Salió Caperucita con diligencia y sin entretenerse en el camino, a pesar de que encontró bellas flores con una gran rentabilidad, y magnífícos y apetitosos sellos.

Al cabo de un rato, entró con gran alegría en casa de la abuelita, que le dio un abrazo nada más verla:

- Qué alegría, Caperucita, de verte por aquí. ¿Pero qué me has traído?

- Abuelita, son los ahorros de mi mamá; para que se los guardes en un lugar seguro.

- Muy bien Caperucita, déjamelos para que te los guarde.

- Pero abuelita, qué tipos de interés más altos tienes.

- Claro, Caperucita, son para darte una mayor remuneración.

- Abuelita, que plazo más largo tienes.

- Nietecita mía, así podrás conseguir más dinero por los ahorros durante ese tiempo.

- Y abuelita, qué riesgo más grande tienes.

- Qué va, querida Caperucita, es que no entiendes bien de esos temas.

- ¿Y por qué tienes una letra tan pequeña?

- No te preocupes, son cosas sin importancia. Anda, ven, a mi corral.

- ¿Qué corral, abuelita?

- No seas desconfiada, Caperucita: es un corralito muy bueno para todos, que he construido para tomarnos parte de tu cestita.

- Pero abuelita, si la cestita es para ahorrarla, no para que te la comas.

Y entonces, el lobo Bancario se abalanzó sobre la pobre Caperucita Ahorradora y la empujó para meterla en el corralito.

- ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Que alguien proteja mis ahorros! –gritaba desconsolada–.

Y tuvo la suerte de que había por allí cerca un hortelano que estaba recogiendo coles de Bruselas. Al oír gritar a Caperucita salió corriendo en busca del cazador, al que encontró durmiendo encima de un guindo.

Los dos se fueron corriendo entonces para casa de la abuelita, donde el lobo Bancario trataba de meter en el corralito a la pobre niña.

El cazador sacó su arco, y apuntando con precisión le disparó una flecha a Caperucita Ahorradora, que por el impacto soltó la cestita.

Fue así como los ahorros fueron repartidos entre el cazador, el hortelano y el lobo, que se fueron dejando allí a la pobre Caperucita.

Y colorín colorado, el sistema financiero ha funcionado.