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martes, 25 de junio de 2013

LOS TRES CERDITOS Y LOS PELIGROS DE LA ECONOMÍA


En un lugar no muy lejano, vivían tres cerditos. Aunque eran hermanos, el hecho de ser de la misma familia no los hacía iguales en el trabajo.

Por eso, cuando decidieron construirse una casa cada uno, el resultado fue bien distinto.

El primero era alegre pero poco hacendoso. Le costaba mucho esforzarse y, cuando lo hacía, enseguida anunciaba un brote verde. Su casa era de paja.

Él sabía que aguantaría poco, pero no le importaba. "Ya me refugiaré en casa de otro cerdito", se decía.

El segundo sólo se preocupaba en tratar de dar una buena imagen a los vecinos con su vivienda. Por eso, en vez de construir unos fuertes cimientos, se dedicaba únicamente a darle una capa financiera por fuera para hacerla brillante.

No es que fuera una casa muy estable, pero confiaba en que el brillo espantara todos los males. Y si no, siempre podría refugiarse en casa de otro cerdito.

El tercero se esforzaba en tener una casa fuerte por dentro y por fuera. Trabajaba cada día sabiendo que, si quería resguardarse en ella, necesitaría unos buenos cimientos reales para resistir a los peligros; además de la capa financiera que la protegiera.

Al cabo de un tiempo, los tres terminaron sus viviendas, y felices se refugiaron en ellas.

Pero llegó la semana pasada, y EEUU anunció que en breve quitaría los estímulos artificiales a su economía. Aunque ése era un país lejano, la brisa que llegó desde allí tiró la casa del primer cerdito, que ni siquiera estaba preparada para eso. Y desaparecieron los signos de recuperación.

El segundo seguía durmiendo tranquilo, porque su capa financiera le resguardaba. Además, sus exportaciones estaban creciendo, y se sentía feliz. Pero de repente la crisis no remitió tan rápido como se esperaba, y los países de alrededor dejaron de comprar sus productos. Como no tenía cimientos reales con un consumo interno fuerte, poco a poco las empresas fueron cerrando; hasta que se derrumbó la casa.

Así que se fueron los dos corriendo a resguardarse a la casa del tercer cerdito. Llegaron a la puerta y la empujaron para entrar.

Pero no pudieron: La puerta no se abría hacia adentro, sino hacia afuera; para no dejar entrar a nadie.

Era alemana...