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lunes, 19 de noviembre de 2012

EL ABISMO (III): Campoalto pueblo libre, también de hipotecas


Todo comenzó en Campoalto, un pueblo pequeño de Jaén. Los vecinos se levantaron con la noticia de que dos de sus habitantes se habían quitado la vida: Desahucios.

Dos, o uno, siempre es mucho, pero en una población de sólo 1.500 más barbaridad. Por eso el alcalde explotó, y esa misma mañana retiraba los 50.000 euros del ayuntamiento en la sucursal del único banco del lugar.

Los vecinos se sumaron a la protesta, y fueron en masa a retirar sus ahorros, pero el empleado del banco se inventó a tiempo una visita al médico para cerrarlo, y evitar tener que decir que no había dinero.

El ambiente estaba caldeado en el bar del pueblo, donde las fuerzas vivas se habían reunido antes de comer. Lo de Felisa y Martín, así se llamaban los vecinos que ya no lo eran, había incendiado a todos.

Anselmo, el de la frutería, se levantó entonces y dijo que él no pagaría más hipoteca hasta que el banco pidiese perdón. Y el alcalde, en un arranque de tripas, puso el sobre con los 50.000 en la barra, y sentenció que irían para los intereses de demora de todos los que siguieran a Anselmo.

El día 31 del mes hubo una llamada temprana en la sede del banco en Jaeń capital: en Campoalto nadie había pagado la hipoteca. La pancarta de "Pueblo libre, también de hipotecas" había pasado de amenza a realidad.

El Director de zona necesitó un mapa para localizar Campoalto, porque los números de la sucursal allí eran pequeños. Pero tenía que saber urgentemente donde estaba el pueblo donde nadie de los 230 obligados había pagado la hipoteca.

No habían pasado ni cuarenta y cinco minutos cuando recibió una llamada de Madrid. Que si quien coj... se creían los de ese Campoalto, que si o solucionaban el problema desde Jaén o los echaban a todos, que si no perdonaran ni un céntimo de las hipotecas...

Al final Luis, el empleado de la sucursal, tuvo que entrar en Campoalto en el coche patrulla de la Guardia Civil. Las calles vacías, y la gente mirando detrás de los visillos. Como cuando los franceses, decía Basilio, el más antiguo del lugar, que a su vez lo escuchó de su abuelo.

A los cinco minutos se presentó el alcalde en el banco, y como si estuviera en el bar espetó: "¡Qué se debe!". "¿Perdón?", respondió el empleado con mirada asustada. "Vamos, Luis, ¡qué intereses de demora tienen que pagar los vecinos!", repuso el regidor.

"Pues si quiere saberlo, han dejado de pagar 85.000 euros, con lo que aparte de lo debido son 2.100 de demora". Sacó entonces el sobre municipal y desenfundó los 2.100 el alcalde, mientras se marchaba repitiendo una misteriosa cantinela: "¡Pies de barro!, ¡pies de barro!".

Las noticias del empleado de la sucursal de Campoalto no se discutieron esa tarde en la central de Jaén, sino en Madrid: Canteras, el pueblo de al lado, había decidido también sumarse a la protesta.

Al día siguiente los máximos directivos tenían cita con el Banco de España, y nosotros con la continuación de la historia en el blog. Mañana.