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miércoles, 8 de febrero de 2012

EL RITMO DE LOS CRÉDITOS: Arre borriquito, arre burro arre, anda más deprisa que llegamos tarde...


Siguiendo con el burro, que tal vez sirva para no olvidarnos de nuestro tradicional medio de transporte, llegamos a una cuesta; y el simpático animal no quiere subir.

Los bancos han disminuido el crédito a las empresas y particulares un 4% en 2011.

Entendemos que se ha acostumbrado a la planicie y no le guste empezar a discurrir por terrenos empinados; pero es lo que hay.

Las entidades bancarias comentan que han reducido los préstamos porque hay poca demanda de empresas y particulares solventes.

Sin embargo, las pymes y familias replican que en realidad se han endurecido las condiciones de concesión de préstamos; y que es obvio que en España hay crisis y las condiciones de los que acuden a los bancos no son las de antes, pero que por algo son ellos los bancos y también tendrán que adaptarse a lo que hay.

Para hacerle más fácil la travesía, nos bajamos del burro, le damos buena comida a base de pienso, y de beber hasta que quiera. Pero aún así no quiere avanzar.

El pasado 21 de diciembre el Banco Central Europeo dio 100.000 millones de euros a la banca española a un interés del 1%, para facilitarle la concesión de préstamos. Pero la banca compró deuda del estado, que le reporta un 4% (ganando así con el pase un 3%) o lo colocó de nuevo en el Banco Central Europeo.

Ahora los bancos españoles tendrán una nueva oportunidad de acudir a pedir más préstamos.

Seguimos siendo comprensivos con el burro: le ponemos una montura más ligera, herraduras con menos peso y le quitamos las piedras del camino.

Con la reciente reforma financiera, se ha buscado que los bancos solucionen el problema de los pisos en sus balances. Si alguno no cumple los requisitos, podrán pedir ayudas si se fusionan con otros bancos, y se les alargará el plazo de reconversión desde uno a dos años.

Pero con todo ello, el burro no quiere avanzar, porque está más preocupado por no despeñarse por esas cuestas de concesión de préstamos que tal vez no le devuelvan, y piensa más bien en sus propias necesidades, que quiere tener cubiertas antes de seguir caminando.

Claro, se ha acostumbrado a hacer negocios muy rentables con los pisos, y ahora que le toca hacer de burro -de banco que se esfuerza por conseguir fondos de los clientes para prestárselos a otros- se da cuenta de que eso cuesta esfuerzo y riesgo.

Y se queda esperando a que el dueño le siga poniendo el pienso y agua al borde de la cuesta, mientras retoza desperezándose y lamiéndose sus propias heridas.

Como el dueño no se emplee, se queda sin subir la cuesta. Con el burro convertido en oveja. Y sin lana...

... Porque a ver quién lo trasquila.