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miércoles, 22 de mayo de 2013

EL MERCADO LABORAL (III): Del portero al agua contundente


Habíamos dejado ayer a nuestros vecinos corriendo hacia el contador del agua del edificio, para ver si era verdad lo que decía el portero con lógica aplastante: “No llega el agua a los pisos porque no entra en la comunidad”.

Los pocos que aún quedaban en la sala con el portero, ya no se reían de él cuando decía esas aparentes obviedades, sobre todo porque ya habían comprobado cuánta razón tenía al decir que por mucho que arreglaran las cañerías o cambiaran los modelos de grifos, si no entraba agua en el edificio tampoco llegaría a sus hogares.

Eso tenía como contrapartida en el mercado laboral que por mucho que se empeñasen en facilitar la movilidad de los trabajadores, cambiar los modelos de contrato o unificarlos, y hasta permitir los minijobs, si la gente no entraba a comprar porque no tenía dinero en el bolsillo, ninguna tienda crearía empleo.

Pero ahora los que habían salido a la carrera al contador del agua, no oyeron seguir al portero:

“Si se quiere que el agua llegue al edificio, antes la empresa de aguas habrá tenido que conseguirla”

- Hombre, obvio –pensó Antonio el del quinto antes de murmurar que ya se estaba pasando de listo–.

“¿Y cómo la conseguirá antes de tener el dinero con que los vecinos pagarán ese agua? Pues con un crédito del banco que se lo adelanta, y una vez que haya cobrado, la empresa de aguas podrá repagarlo”

Ahora Andrés lo que estaba pensando es que el portero debía ser un economista huido de la justicia de algún punto del planeta, y empezaba a creer que en su mesa debía de estar especulando en vez de separando los sobres de la correspondencia cada mañana.

“Por tanto –prosiguió, si los ciudadanos no tienen dinero en el bolsillo porque se lo sacan a base de impuestos, y no entran a comprar; y las tiendas no pueden pedir créditos al banco para que les adelante el dinero y así adquirir sus productos para cuando lleguen los clientes, no habrá forma de crear empleo”

En ese momento llegaron los que habían ido a comprobar si entraba agua en el edificio, y vieron que tantas cañerías arregladas, y tantos modelos de grifos nuevos, no habían servido para nada: La empresa de aguas había quebrado.

Fue entonces cuando se enteraron de que el ayuntamiento, para solucionar el tema, había decidido subvencionar las botellas de agua.

Beberlas no sabía si iban a beberlas, pero más de uno estaba pensando en usarlas como objeto contundente…