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martes, 29 de enero de 2013

EL IVA VENÍA... Y Luisillo se marchaba


Francisco abrió esa mañana la tienda junto a su empleado Luisillo, con la esperanza de que llegara un buen cliente que les alegrara el día.

Y contra todo pronóstico así fue: cuando las horas transcurrían con la excesiva calma habitual, entró un hombre en traje empujando fuerte la puerta.

- A ver, ¿venden ustedes alfombras?

- Muy buenas, señor.

- Pues prepárenme quince: ¡Las mejores!

- Por supuesto, atinó a balbucear el depediente mientras miraba de reojo a su jefe, que hacía como si atendiera otros asuntos; pero en realidad estaba reprimiendo una lágrima de alegría.

Como el encargo era para el día siguiente, esa tarde Francisco y Luisillo fueron al mayorista de alfombras, y se llevaron las quince mejores que tenía.

Ya de mañana, llegaron con más puntualidad que nunca a llevar las alfombras a casa del entrajetado señor. Les atendió un servicial portero, al que también dejaron la factura: 5.200 euros más 1.092 de IVA.

Ese mediodía se permitieron no comer de menú, y a las cuatro de la tarde estaban ya esperando en la tienda al nuevo cliente, con su traje y el dinero para pagar la factura.

Pero no llegó. Ni esa tarde, ni al día siguiente; ni la semana después...

Y cada día veían Francisco y Luisillo aparecer al mayorista más enfadado, reclamando el importe de las quince alfombras que se habían llevado.

Al cabo de tres meses ya habían perdido la esperanza de cobrar al entrajetado señor, que se había quedado sus alfombras.

Y así llegó la mañana del treinta y uno de marzo, cuando francisco se acercó a Luisillo con una lágrima en los ojos, pero esta vez no de alegría:

- Mira Luisillo, tú sabes lo contento que estoy contigo, pero el hombre del traje no nos va a pagar el dinero que nos debe. Por ahora puedo aguantar al mayorista, pero si hoy no ingreso los 1.092 euros del IVA, Hacienda embargará la tienda.

- ¿El IVA?, replicó Luisillo. Pero si la factura no la hemos cobrado…

- Pues sí, pero es que a Hacienda eso le da igual, y tienes que ingresar el IVA que supuestamente has cobrado al cliente. Por tanto ahora le debo el dinero de las alfombras al mayorista, y el dinero del IVA a Hacienda.

- Francisco, lo del mayorista aún lo entiendo, porque las alfombras nos las llevamos. Pero, ¿cómo puede exigirte Hacienda que ingreses lo que no has podido cobrar? Porque el del traje no nos ha pagado el IVA a nosotros…

Fue así cómo Luisillo entendió que “Hacienda somos todos”. Todos los que pagamos. Con razón o sin ella.

Y también entendió que se iba a la calle. Por el IVA… Que Francisco no había cobrado y tenía que pagar.

Ahora dicen que eso dejará de ocurrir, pero para Luisillo llegará tarde. Si es que llega…