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miércoles, 19 de junio de 2013

ALEGRÍA, ALEGRÍA, LLEGÓ EL FIN DE LA SEQUÍA... Manolo, ¡ya no hay crisis!


Al principio fue algo sin importancia. Solamente los más viejos del lugar notaron que el pantano tenía algo menos de agua.

Pero al poco tiempo la diferencia del nivel ya era perceptible por muchos, aunque otros no querían darse por enterados.

Tal vez si todos se hubiesen aplicado con prontitud, no hubiera sido tan abrupto lo que vino después: El pantano perdió tanta agua que se llegaron a ver hasta las piedras del fondo.

Ciertamente el uso para beber y de la agricultura lo vaciaron, pero eso siempre había sucedido. La diferencia estuvo en que se desperdició mucha agua para llenar piscinas, y sobre todo en que había dejado de entrar más por el río.

Y no entró por mucho tiempo, o llegó muy poca, y por eso el pantano prácticamente se secó. La gente tuvo que beber menos, y los campos se secaban; por no decir de los peces, que casi desaparecieron.

Estaban todos los habitantes de los contornos desesperados, cuando un buen día comenzaron a sonar las sirenas del pantano. Ante semejante alboroto, todos acudieron a la presa, al lugar de las oficinas.

Salió entonces Manuel -el director- sorprendiendo con su cara sonriente. Y tras unos segundos de pausa anunció con firme voz: “¡La sequía ha terminado!”

A la perplejidad siguió la algarabía: ¡Por fin se habían acabado los problemas! Algunos empezaron a pensar en los nuevos cultivos que sembrarían; y unos pocos incluso lanzaron cubos de agua al aire como festejo.

Terminado el alboroto, se hizo el silencio a un movimiento de mano del director, que señaló a la entrada del río en el pantano: Se esperaba la gran avalancha, la enorme ola de agua.

Y entonces todos pudieron contemplar un pequeño hilo de agua que entraba, zigzagueando, poco a poco; en mitad de la gran extensión seca del pantano.

Algunos pusieron cara de incredulidad, otros de indignación, y todos quedaron decepcionados. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que la salida de la sequía era un proceso, lento, trabajoso, y no cosa de un día.

Los más viejos del lugar se marcharon meneando la cabeza, como reprochando la ligereza de Manuel, el director del pantano: Con su algarabía había hecho que la gente no se diera cuenta de la forma en que se recuperaría el pantano.

Así quién podía prepararse.