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jueves, 22 de septiembre de 2011

PERDÓNAME, JOSÉ LUIS, PERO ESO... NO. Carta al Presidente del Gobierno

Estimado José Luis:

Ahora que te vas, que te estás yendo, déjame decirte que me gusta poco la política. Y más la economía.

Tal vez por eso no suelo personalizar los juicios acerca de "nuestros dirigentes”: no les pongo nombre y apellidos. Hasta que a veces alguno cruza una línea, y se vuelve insensible a los problemas comunes. Y sé que tú no lo eres. Insensible. José Luis.

Pero ayer te oímos decir en el Congreso que te “sientes” responsable del paro en España.

Perdóname, José Luis, pero eso... No

No te puedes sentir responsable del paro: eres responsable del paro; que no es lo mismo.

En esta época en que nuestros políticos –todos– se acercan al calor de la notoriedad de los medios de comunicación, y huyen de las malas noticias…

Cuando nuestros dirigentes no paran de reunirse a nivel autonómico, nacional, europeo y mundial, sin tomar ninguna decisión que nos alivie al común de los mortales el día a día…

Mientras el tiempo se os pasa hablando de macroeconomía, planes de estímulo y otros conceptos abstractos, y nuestros bolsillos se desangran. Si es que aún les quedaba algo….

Perdóname, José Luis, pero eso... No

Porque nosotros no sentimos que estamos en paro: lo estamos. Tirados.

Porque nosotros no sentimos que tenemos que pagar la hipoteca: la pagamos. O no. Y nos embargan.

Porque nosotros no sentimos que tenemos que abonar impuestos, IBIs, tasas y parquímetros: los abonamos. Para qué: No se sabe. Y el campo sin abonar.

Perdóname, José Luis, pero eso... No

El paro no se siente, se sufre o se ve. Y nosotros no vemos cinco millones de parados, ni un 21% de paro.

Nosotros contemplamos a nuestro vecino José, que ha tenido que irse con su mujer e hijos pequeños a vivir con los abuelos al pueblo. Porque llevan en paro –los dos– más de un año.

Nosotros sufrimos con nuestros amigos Antonio y Lucía, que van al mediodía al comedor de Cáritas –quién se lo iba a decir–, para que sus hijos no se enteren de que los zapatos salen del ahorro en comida.

Nosotros hemos visto a la estudiante María, aparejadora, trabajar fregando suelos. Y a sus padres llorar: por ella y por los domingos de trabajo para costearle los estudios.

Perdóname, José Luis, pero eso... No

No sientas que eres responsable, José Luis, lo sentimos nosotros. Tú eres el responsable. El Presidente de todos. Tan lejano. Que no nos sientes. Y no lo parecías. Lo siento.

No quiero acabar, José Luis, sin pedirte dos favores:

Si ves a Mariano, que lo verás, dile por favor que deje de insistir en que creará miles de empleos. Puede contratar varios asesores, y con ello aliviarles a ellos del paro. Pero esos miles de puestos los tendremos que crear nosotros, los ciudadanos.

Los políticos, con que no estorbéis, suficiente. Pedimos tan poco, que si no nos cobráis el IVA de las facturas que a nosotros no hay manera de que nos paguen, os haremos fiesta.

Y dile a Alfredo que si quiere, que les cobre más impuestos a los ricos. Que les quite la mansión, el Mercedes o el avión. Pero que no lo haga en mi barrio. Que el rico que tenemos ha contratado de chófer a mi primo. Y vuelve temblando cada noche, porque el rico no para de decir que a este paso se marchará a Luxemburgo.

Mi primo quisiera ser rico, pero como no lo es, al menos trabajar para el rico. No quiere cursos de formación con el dinero que le quitéis al rico. Que se acaban, los dos: los cursos y los ricos. Y los cursos a veces ni los dan...

Con todo el afecto que puedo sentir,

J.A.