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jueves, 7 de marzo de 2013

EL CRÉDITO Y EL ANUNCIO: Mi mamá me mima


Nos vamos acostumbrando en España a que existan unas empresas privadas que piden mucho -más bien todo- y dan muy poco.

Son unas empresas cualquiera, excepto por el hecho de que su nombre empieza por la por la palabra "banco" y son mimadas por el Estado.

LAS REGLAS SON PARA TODOS

Cualquier empresa sabe que desde el momento que abre la puerta puede vender sus productos o no. En el primer caso, tendrá éxito y beneficios, pero en el segundo fracasará y perderá dinero; y acabará cerrando.

Sin embargo, ¿qué pasaría si la empresa que no vende viese cómo sus productos son comprados al final del día por el Estado? Peor aún, ¿qué sucedería si una empresa decidiera quedarse sus propios productos sin venderlos, y al final del día recibiera el dinero por las ventas que no ha hecho?

Obviamente, sería algo fantástico para los que consiguen semejante privilegio. Pero aparte de la injusticia que se crearía frente a las otras empresas, los dirigentes de la empresa beneficiada verían como su mala gestión no tiene consecuencias; es más, acaban siendo premiados por ella.

HECHOS CONSUMADOS

En la turbulencia de nuestra crisis, somos continuamente animados a mirar hacia adelante, a pasar página. Esto sería yo el primero en firmarlo, si no fuera porque las consecuencias no pasan página, sino que permanecen en el tiempo.

La permanencia de la crisis, en muchos casos, se debe a la persistencia de los errores que nos han llevado a ella, y uno de ellos es sin duda la falta de crédito.

NUESTRAS EMPRESAS AHOGADAS

Todos conocemos empresas, muchas de ellas constructoras, que se han ido a pique por las malas decisionesa adoptadas, normalmente relacionadas con edificar allí donde nadie lo necesitaba.

Pero también tenemos claros ejemplos de otras empresas que no han sobrevivido, o morirán en breve, porque sus bancos de toda la vida les han negado el crédito que necesitan para sobrevivir.

Si, como hemos dicho al principio, todos nos moviéramos por las mismas reglas, el cierre del grifo del crédito no merecería ningún reproche: los bancos, como empresas privadas libres, deciden hacer lo que quieren y punto.

Sin embargo, después de haber recibido del Estado -de nosotros- decenas de miles de millones de euros para ayudarles tras las malas decisiones que adoptaron, ya no está tan claro que los bancos puedan hacer lo que deseen y reclamen ser libres para ello.

UN ANUNCIO

El Presidente de un gran banco rescatado por el Estado, repitió ayer a los cuatro vientos que su situación estaba mejorando tanto que incluso se planteaban dar préstamos a lo largo de estos años.

A la luz de lo comentado anteriormente, dicha afirmación  podría traducirse de la siguiente manera:

"Después de que nuestro banco quebrara por culpa de las malas decisiones adoptadas, hemos recibido 20.000 millones de euros para superar nuestras dificultades, y ahora lo mismo hasta damos préstamos"

Y si ese banco fuera una empresa distinta, también podríamos traducir:

"Después de que nuestra empresa no vendiera nada por culpa de las malas decisiones adoptadas, hemos recibido 20.000 millones de euros para superar nuestras dificultades, y ahora lo mismo hasta nos planteamos vender algo".

Se sienten libres de hacer lo que deseen. Y nosotros, los pagadores, esclavos de sus errores.

Y nuestras empresas ahogadas hasta la muerte.