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jueves, 15 de diciembre de 2011

DICHOS ECONÓMICOS POPULARES: El árbol y el bosqueENUNCIADO:"El árbol no nos deja ver el bosque"SIGNIFICADO:Dícese de todo aquél que, centrándose en un único aspecto de un problema, no se da cuenta de la dimensión total de dicho problema, mucho mayor que el aspecto en el que se fija.EJEMPLO:Francisco Rosell, Presidente de la CEOE: "Hay funcionarios que no trabajan... Como última solución habría que despedirlos"Número de funcionarios en España: 3,2 millones.Sueldo medio de los funcionarios españoles: 1.250 euros.Agujero descubierto en la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), con puestos de designación política y no funcionarios: 17.000 millones de euros, que de una forma u otra taparán las arcas públicas.Si todos los funcionarios en España decidiesen irse de compras una hora al día en horario laboral, cuánto tiempo tendría que pasar antes de que se igualara el agujero de la CAM: 2,8 años.Para completar los 3 años, podemos sumar los 1.100 millones de euros de coste del aeropuerto de Ciudad Real, que acaba de cerrarse por falta de vuelos.En España hay muchos bosques. Pero leñadores sólo para un árbol. 

EL CUENTO DE LA UNIÓN EUROPEA: Los tres cerditos y el lobo

- Papá, cuéntame un cuento de buenas noches.

- Está bien, hijo: ¿Cuál quieres?

- Hummm, ¡el de los tres cerditos!

- Bien, pero luego te duermes…

En un lugar no muy lejano vivían tres cerditos. Eran muy felices, cada uno en su casita; uno al lado del otro.

Merkul, era un cerdito alemán, que tenía un enorme palacio. Aunque por fuera era frío y gris, en el interior tenía todo tipo de comodidades: ascensor, televisiones de plasma, electrodomésticos último modelo… Y en el garaje aparcados dos enormes coches.

Silvio, el cerdito italiano, tenía un chalet pequeñito pero muy cómodo; y con un diseño moderno y elegante. El cuarto más grande era el dormitorio, con enormes armarios llenos de trajes y zapatos.

El tercer cerdito era griego, por nombre Papancentus. Vivía en una casa modesta, pero con una chimenea donde poder calentarse, y decorado con bonitos jarrones. Además nunca le faltaba un trozo de carne y empanadillas con los que alimentarse.

Un buen día, Merkul invitó a los otros dos cerditos a comer a su enorme casa. Mientras iban por la tercera cerveza, les dijo que su vida estaba a punto de cambiar: Les daría un montón de dinero para tener casas tan grandes como la suya.

Como Silvio y Papancetus no eran tontos, le preguntaron cómo era aquéllo posible. Pero Merkul les tranquilizó: “Si os presto dinero, yo también gano con los intereses que os cobro. Además, para hacer más grandes vuestras casas, compraréis productos alemanes; así que yo estaré contento”.

El cerdito italiano y griego salieron muy alegres y agradecidos al alemán. Sobre todo cuando al día siguiente vieron que empezaba a llegarles un montón de dinero.

Papancetus tiró su casa entera, y se construyó una nueva, con tres chimeneas y dos barbacoas. Silvio se hizo una piscina cubierta, con sauna y jacuzzi. Y Merkul estaba contento pensando en lo que estaba ganando, porque todo eso era alemán.

Pero un día el cerdito alemán se despertó con un ruido extraño. Se asomó a la ventana de su palacio y vio a Silvio montado en un helicóptero, que se había comprado con el último dinero que le había mandado.

Fue entonces cuando Merkul empezó a pensar que tal vez se había pasado dándole tanto dinero a Papancetus y Silvio, y decidió mandarles al lobo Recortes para empezar a recuperar su dinero. Pero como sabía que no le recibirían, hizo que se disfrazara de Ayuda Internacional.

Llegó primero el lobo Recortes a la casa del cerdito griego. Llamó y le dijo que le dejara pasar, que era la Ayuda Internacional. Pero Papancetus le gritó: “No, mentirosa, eres el lobo Recortes”.

Y el lobo se enfadó. Sopló y sopló, hasta que Papancetus salió volando; y en su lugar puso a un griego amigo de Merkul para que cuidara la casa.

Fue entonces al chalet con jacuzzi del cerdito italiano. Llamó a la puerta y preguntó por Silvio. “No puede atenderte, está de bunga-bunga”. El lobo Recortes se enfadó mucho. Sopló y sopló hasta que Silvio voló. Y en su lugar dejó al cerdito Monti para que cuidara del chalet italiano.

El lobo volvió entonces a su guarida a descansar un poco; pues al día siguiente tendría que volver de nuevo a la casa de los cerditos.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

- Pero papá, no me gusta el cuento. ¿Es que nadie se enfrentó al lobo?

- Bueno hijo, había por allí un cazador inglés. Pero ya es tarde y te tienes que dormir…