ÚLTIMOS COMENTARIOS

martes, 10 de julio de 2012

SOLUCIONES RADICALES A LA CRISIS: ¿Un sendero justo?


(Por su actualidad, tras nueve meses y dos gobiernos, traigo de nuevo el artículo publicado el 4 de octubre)


Manuel Sencillo nunca fue una persona llamativa. De una familia de clase media, desde pequeño le gustó llevar una vida tranquila y sin grandes sobresaltos; en Ciudad Real.

Aunque su padre era abogado, él nunca se vio atraído por montar un despacho o empresa alguna. De hecho, sólo terminó los estudios medios, a pesar de que su progenitor siempre le echó en cara la falta de aspiraciones en la vida.

Pero Manuel Sencillo en realidad sólo deseaba ganarse la vida con un sueldo normalito, para poder salir los sábados con los amigos, ir al cine y escaparse de senderismo los domingos, que le encantaba. Bueno, y para poder llevar una vida tranquila con Lola, su novia de toda la vida.

Contradiciendo las aspiraciones de su padre, Manuel consiguió -tras mucho esfuerzo y dos convocatorias- sacar plaza de funcionario como Agente de Medio Ambiente, en un Ayuntamiento a diez minutos de Ciudad Real. Influencias del senderismo –se decía–. En ese pueblo acabó por casarse y vivir al cabo de tres años.

Iba cada día al Ayuntamiento a coger el coche para los trabajos de la jornada. La verdad es que estaba ya un poco viejo. Bueno, y ahora un poco ridículo al lado de los nuevos vehículos de sus compañeros en el Consistorio. De hecho, habían aparecido Audis, e incluso algún BMW.

Manuel Sencillo llevaba la vida tranquila que siempre quiso. Por eso, nunca envidió a las personas del pueblo de su edad que habían progresado mucho últimamente. El pueblo había crecido por la parte sur gracias a ellos, que –con el apoyo de la caja de ahorros provincial habían hecho dos nuevas urbanizaciones.

“Manuel, parece mentira que con lo que tu familia y tu valéis, te hayas quedado en funcionario”, le decían con un punto de desprecio. Pero a él le daba igual. ¿Para qué quería ganar más si con lo que tenía le daba para llevar la vida soñada? Él no necesitaba un BMW, ni casa con jardín. Con Lola y el niño, y su pisito -que pagaba poco a poco a la caja de ahorros-, le bastaba.

Aunque Manuel llevaba un tiempo preocupado. El nuevo aeropuerto de Ciudad Real se estaba construyendo a pocos kilómetros del pueblo, y él, acostumbrado a su ruta diaria por el término municipal y el senderismo de los domingos, veía peligrar su tranquilidad.

“Te ahogas en un vaso de agua, Manuel”, le decían en el Ayuntamiento. “¿No ves que en breve podremos ir al el extranjero en menos de una hora?”. Pero a él le sonaba a chino: ¿Para qué se iba a ir fuera de España si no conocía ni Galicia?

Pero ahora Manuel Sencillo no era realmente una persona feliz. No por el ruido, porque aún no habían llegado los aviones al aeropuerto -y se rumoreaba que nunca lo harían-, sino porque veía el pueblo muerto.

Los que habían construido las urbanizaciones habían tenido que irse. Dicen que porque la caja de ahorros ya no les daba más dinero para terminar las casas. Además, habían cerrado los cines. Con lo que le gustaba ir allí con Lola…

Y también era el mundo al revés, porque había escuchado a alguien decir a sus espaldas en el bar: “Mira ése, se nota la familia que tiene, seguro que le han enchufado, y ahora tiene un buen sueldo de funcionario por no hacer nada”.

Pero si él llevaba cinco años igual... Yendo cada mañana a por el coche para hacer su ruta… Bueno, la verdad es que igual no, porque el sueldo se lo habían rebajado ya dos veces. Y ahora casi no llegaba a fin de mes.

Hoy Manuel Sencillo había llegado triste a casa. Y Lola lo había notado en la manera de abrir la puerta. No había dicho nada en toda la comida. Había oído que estaban echando a los funcionarios en algún sitio de Europa. Quién sabe si aquí sucedería lo mismo...

Sólo había comentado: “Lola, a ver cuándo llegan los aviones. Tal vez  tengamos que irnos en alguno”.


_______________________________________________________  
MAÑANA SALDREMOS CON TU APORTACIÓN
Enviando un SMS al número 25588 con la palabra QUIEBRA
El coste es de 1,42 euros iva incluido y nos hace existir
Gestión sms: Sit Consulting SL. At. Cliente 902 116 106 info@sitmobile.com