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lunes, 16 de enero de 2012

LA CALIFICACIÓN STANDARD DE LA MORCILLA

En la barbacoa pro-colesterol a la que me tocó asistir ayer, una amiga me mostró su preocupación por las malas notas de su hija: dos suspensos. Y claro, su confidencia tenía un objetivo: que hablase con ella.

Así que tuve que cambiar la siguiente morcilla por una larga conversación con la suspendida, para luego volver a la madre.

- ¿Cómo lo ves, Jesús?

- Impresionante, respondí.

- ¿Cómo?

- Mira, de aquí a unos cuantos años la vemos de ministra.

- ¿Pero qué te ha dicho? Replicó asombrada.

- Bueno, le he pedido explicaciones a sus malos resultados, y me ha respondido que sobre todo han influido las circunstancias generales en su clase.

Luego me ha comentado que también le han afectado las malas condiciones heredadas del curso pasado.

Por no decir que el profesor que la examina está influenciado por diversos intereses, y que no es del todo objetivo.

Que toma nota de los dos suspensos, que la ratifican en el buen camino emprendido para mejorar sus resultados.

Y que a partir de ahora trabajará para recuperar el prestigio perdido

- Pero Jesús, ¿y a mí qué más me dan esos razonamientos etéreos? Lo que me importa es que ha tenido malas calificaciones, y que como no haga algo ya -pero concreto y palpable-, no va a poder recuperarse y arruinará su futuro. Yo lo que quiero es que crezca fuerte y con empleo.

- Bueno -le dije a mi amiga-, es que tu hija se llama España, el profesor que la ha examinado Standard&Poors, que le ha rebajado la calificación dos escalones, y tú tienes demasiado sentido común...

... Tanto como para saber que de palabras o buenas intenciones no se vive, se aprueba o se sale de la crisis. Ni crece la economía. Ni el empleo.