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martes, 21 de febrero de 2012

DE CONGRESO EN CONGRESO Y TIRO... Por la culata


Hace cinco años, cuando me dedicaba a exportar aceite de oliva a EEUU, acudí a una feria sobre dicho producto que tuvo lugar en Sevilla; justo en el recinto donde han acaecido recientemente los congresos de los dos partidos políticos mayoritarios en España.

Estaba ya preocupado con la crisis que se vislumbraba, y el hecho de que lo exportado a EEUU era un producto de alto precio para una época así. Por lo que acudí a la feria en busca de ideas.

Me acerqué al primer stand y pregunté por alguien que me explicase la producción de la empresa anunciante. Me dijeron que el encargado se había ido a comer y no habría nadie hasta dentro de dos horas.

Acudí a un segundo stand, que estaba abarrotado; de gente bebiendo vino y comiendo jamón. De nuevo traté de hablar con algún responsable, pero me indicaron que estaba atendiendo a otros clientes (de hecho estaba más bien indisponiéndose con ellos bebiendo copa tras copa) y que volviese más tarde.

Finalmente, harto de la situación, cuando me estaba yendo, me crucé con otro stand con todos los letreros e información en inglés, y una persona con cara de aburrida.

Resultó ser el responsable de la importación del aceite de oliva en EEUU. Me comentó que nadie se había pasado por allí en toda la mañana, y que había conseguido apenas entenderse con unas personas que no hablaban inglés.



Me fui a comer con él. Y por supuesto fue lo más interesante que encontré en esa feria, que ya de por sí tenía el curioso objetivo de vender más aceite de oliva en Sevilla. Vamos, como vender arena en el Sáhara.

Salí de allí con el firme propósito, que he mantenido hasta el día de hoy, de no volver más a esas ferias: tenía la impresión de que, mientras allí circulaban cañas y tapas, otros estarían tratando de vender el aceite que nosotros no colocábamos fuera de España.

Mientras han tenido lugar los flamantes congresos de los dos principales partidos políticos, donde –entre cuchillo y cuchillo, y aplauso y aplauso–  se ha discutido sobre los problemas internos de ellos –mucho–  y de los problemas de la crisis en el resto –poco– , Marruecos ha conseguido que la Unión Europea permita la importación en Europa de todos sus productos agrícolas sin pagar arancel.

Para entendernos: que a partir de ahora, nuestros tomates y aceite de oliva –entre otros– competirán en igualdad de condiciones con sus compañeros marroquíes. Con la diferencia de que los compañeros marroquíes –los humanos– cobran 3 euros por día, y los españoles 55.

Competir así es algo dificultoso, pues o producimos unos tomates 20 veces mayores con el mismo trabajo –difícil–, o cobran 3 euros al día nuestros trabajadores –esclavismo–.  Y el resultado en miles de puestos de trabajo y millones de pérdidas se puede adivinar.

Pero nosotros estábamos de congreso. Con proyectos de futuro. Temas abstractos y a largo plazo. Y nuestros vecinos pensando en lo concreto y el corto plazo.

Ahora un político nuestro ha dicho que es importante firmar un pacto en defensa de la agricultura en España. Nosotros los pactos. Ellos las realidades. Nosotros cañas y tapas, y ellos vendiéndonos la arena del desierto.

Disculpadme si como hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de agricultor, sugiero que se meta el pacto en el congreso.

El de Sevilla. Y olé.