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miércoles, 4 de enero de 2012

LA BATALLA FINAL: La almohada de nuestros dirigentes

AÑO 1.212:

Desde una colina junto a las Navas de Tolosa, Alfonso VIII de Castilla contemplaba las numerosas fuerzas almohades. Sus cansados soldados apenas tenían fuerzas para seguir adelante, después de recorrer muchos kilómetros y batallas hasta ese momento.

Pero el rey, desde su caballo, no iba a arredrarse ni escatimar esfuerzos para vencer. Y alzando la voz, se dirigió a sus tropas de esta manera: "El Reino de Castilla no va a tener la menor vacilación para afrontar esta situación". Sabed -continuó- que esto nos va a obligar a tomar "decisiones extraordinarias y no previstas"

Y mientras se retiraba a contemplar la batalla desde lejos, sus 70.000 hombres comenzaban una lucha que dejaría 2.000 muertos y otras tantas viudas.

Ganaron al fin. Pero lo que no previeron fue la hambruna posterior, que duró hasta 1.225:  Los historiadores nos cuentan que, por culpa de la guerra, se descuidaron las tierras, que quedaron sin cultivar.

AÑO 2.012

Desde la Moncloa, nuestros dirigentes contemplaban las numerosas personas afectadas por la crisis. Los cansados ciudadanos apenas tenían fuerzas para seguir adelante, después de haber pasado por muchos recortes y situaciones de paro hasta ese momento.

Pero los ministros, desde sus despachos, no iban a arredrarse ni escatimar esfuerzos para superar la crisis. Y alzando la voz, se dirigieron a los ciudadanos de esta manera: "El Gobierno no va a tener la menor vacilación para afrontar esta situación". Sabed -continuaron- que esto nos va a obligar a tomar "decisiones extraordinarias y no previstas"

Y mientras se retiraban a contemplar la batalla desde lejos, los españoles comenzaban una lucha para afrontar las subidas de impuestos y los recortes.

Se redujo el déficit. Pero lo que no previeron fue la hambruna provocada con esas medidas, que duró hasta 2.025: Los historiadores nos contarán que, por culpa de ocuparse únicamente de la economía financiera, se descuidó la economía real, que siguió decayendo sin que nadie hiciese nada por impulsarla.