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jueves, 12 de enero de 2012

HAGAN SUS APUESTAS: Pocas fichas para los que fichan... Todas a lo mismo

Ayer estuve cenando en un casino. Hacía años que no pisaba uno, y se me había olvidado el ambiente cerrado y de lujo efímero que se respira allí.

Tras el postre, me acerqué a la ruleta, que estaba repleta de gente. Todos ponían unas pocas fichas en las diversas casillas, menos un personaje que llamó poderosamente mi atención. Elegantemente encorbatado y con aire de suficiencia, apostaba siempre a la misma casilla: el 17.

Comenzó perdiendo un par de fichas, pero inmediatamente las repuso para seguir apostando. Y cada vez que perdía, doblaba la cantidad: 2 al 17, 4 al 17, 8 al 17… Y así sucesivamente.

Yo estaba perplejo: ¿No se daba cuenta del riesgo que corría? Pero el elegante señor seguía con su estrategia: 16 al número 17, 32 al número 17… Uno de los que estaban sentados a la mesa miraba mi cara de escándalo y se reía; supongo que de mi inocencia.

Pero ya lo siguiente fue toda una sorpresa: no lo obvio –que al elegante señor se le acabaran las fichas-, sino que de repente se volviese al resto de los que estaban allí y les pidiese parte de las suyas para seguir apostando.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no entendía nada, y se ve que se me notó, porque el risueño señor me llevó a un aparte:

- Eres nuevo aquí, ¿verdad?

- Pues sí. Y estoy perplejo.

- Mira, el elegante señor es un banquero, y el número 17 corresponde a las Comunidades Autónomas.

- ¿Y cuánto dinero ha puesto allí?, continué.

- 700.000 millones de euros.

- ¿Pero está loco? ¿Como les ha dado tanto dinero? ¿No se da cuenta del riesgo que corre?

- Jajaja -se desternillaba mi interlocutor-: Qué va, si sale el 17 le pagarán mucho dinero.

- ¿Y si no sale y no puede recuperar su dinero?

- Bueno, ya has visto, el resto le daremos parte de nuestras fichas.

Con el dinero de nuestros impuestos, que se usan para tapar la ligereza de las Comunidades Autónomas para gastar... Y de los bancos para prestarles -pensé yo-. 

- Lo siento, me marcho del casino, exclamé indignado.

- No te puedes ir: El casino somos todos.

Hacienda somos todos…