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viernes, 23 de septiembre de 2011

EUROPA TRES DELICIAS: Economía a domicilio

Nos disparan estos días los medios de comunicación la ayuda que países de la Unión Europea como Italia (España ya lo hizo) están pidiendo al gobierno chino: Intentan que les financie la gran deuda que tienen.

Pero claro, luego ellos vienen con exigencias, que son chinos y no tontos: Ya han pedido que se derriben las pocas barreras que quedan en Europa a sus productos. Pero sobre todo han pedido una cosa: Que les dejemos ser débiles.

¿Débiles? Sí, como suena. O más precisamente: que dejemos que el yuan –su moneda– sea una moneda débil. Han entendido perfectamente el juego de las monedas a nivel internacional.

Y esto no es un cuento chino…

Antonio López iba hace poco tiempo por una carretera secundaria conduciendo a casa de sus padres. Tenía que pedirles parte de su escasa pensión, y poder así pagar los libros escolares de sus hijos.

Tras esquivar tres socavones, finalmente encalló en uno. Su coche, con más de seis ITVs, murió. Y Antonio tuvo que echar mano también de los ahorros de sus padres: 10.000 euros. Para comprar uno nuevo.

Tenía dos opciones: utilitario Seat o un enorme coche chino –por el mismo precio–. Se dirigió al concesionario nacional, donde el comercial, tras casi darle un abrazo por entrar, le mostró un coche. 10.000 euros. Justo.

A continuación, se marchó al concesionario de la marca china. Tras guardar –aquí sí– unos minutos de espera, un amable vendedor le enseñó un coche que parecía de lujo. Y enorme.

Al ser un concesionario recién instalado, el comercial le dijo que los precios estaban aún marcados en moneda china. El coche valía 10.000 yuanes. Como un yuan valía un euro, se quedaba en 10.000 euros.

Entonces Antonio pensó: “Para eso me compro el Seat, que me da más confianza y sirve para crear trabajo en España”. Y decidió marcharse del concesionario chino. Sin coche.

Pero el comercial chino resultó ser un espía de ese país. Con un micrófono instalado en el botón de su camisa: Toda la conversación había sido escuchada por un funcionario del Ministerio de Economía chino en Pekín.

Al temer el funcionario que comenzase una bajada de la venta de coches chinos, llamó inmediatamente a su  Ministro de Economía, que rápidamente modificó el tipo de cambio del yuan: ahora un euro valía dos yuanes en vez de uno.

El director del concesionario chino en España, recibió al instante un sms de la embajada de China en Madrid (cómo se coordinaban los chinos…), y cerró herméticamente las puertas del concesionario. Para que Antonio no se fuera sin el coche.

Se le acercó entonces por la espalda de nuevo el comercial, que le dijo con cara muy sonriente: “Perdone señor. El coche vale 10.000 yuanes, pero como ahora le damos dos yuanes por cada euro, se le queda en 5.000 euros”.

Antonio se quedó de piedra. Casi abrazó al empleado, pero se acordó de que eso no se hacía en su cultura. Sacó 5.000 euros y se llevó el coche chino, con los otros 5.000 en el bolsillo. Ya no se acordaba de los beneficios que tendría para España la compra del Seat.

Inmediatamente, el director del concesionario envió los 5.000 euros a China, y llegaron al Ministerio de Economía. Allí el funcionario contó los 5.000 euros, vio que cada euro valía ahora 2 yuanes, y firmo el recibí de 10.000 yuanes.

Y el funcionario acabó condecorado con la Medalla de Honor del Partido Comunista Chino, porque vendía todo y no se quedaba con nada: Siempre anotaba 10.000 yuanes por cada coche que vendía (aunque a veces fuesen a cambio de 10.000 euros y otras de 5.000).

Cuando volvía el funcionario chino con su Medalla de Honor para ponerla en la mesa de su despacho, se dio cuenta de otra cosa: como un Kg. de naranjas españolas valía 2 euros, cuando el yuan estaba a un euro había que comprarlo por 2 yuanes. Y ahora que necesitabas 2 yuanes por cada euro, las naranjas españolas salían por 4 yuanes.

¡Perfecto! Los ciudadanos chinos dejarían de comprar naranjas españolas, que eran ahora más caras, y comprarían fruta china. Con lo que el funcionario se marchó a que le diesen otra Medalla de Honor.

Y fue entonces cuando Europa se dio cuenta del truco chino: bajar al máximo su moneda –el yuan– de tal forma que a los europeos les compensase comprar productos chinos y no europeos: ¡habían inundado Europa y el mundo del "made in China"!

Ahora se podía entender por qué los chinos estaban felices con poder subir y bajar el valor del yuan según les conviniese. Y por qué arrugaban la frente cuando les insistían en que dejasen de usar ese truco.

Y lo peor de todo: Europa no podía hacer lo mismo, porque el euro, el dólar, y todas las monedas occidentales, subían y bajaban por las leyes del mercado –oferta y demanda-. Y China lo hacía a su antojo.

Pero Europa se hartó, dio un golpe en la mesa, e hizo lo que no había hecho hasta ese momento: se unió por algo…¡Por la causa anti-china!

Juntó entonces todos los barcos de guerra europeos que pudo, y los envió rumbo a Asia, para que el Presidente chino entrase en razón. “¡Y que se entere de quién manda aquí!”, se decían los dirigentes europeos unos a otros.

Pero entonces, de repente, se recibió un fax en Bruselas, en chino con traducción al alemán:

“Queridos europeos:

Ayer vuestro Antonio López compró un coche chino en España. Por cierto, un coche maravilloso.

Iba a pagarnos 10.000 euros por él. Pero le dijimos que nos diera sólo 5.000. Esos euros los recibí al día siguiente de parte de nuestro camarada gerente del concesionario.

En este último año, hemos tenido un millón de antonios en Europa que han comprado un millón de coches chinos. Y hemos recibido de nuestros camaradas en los concesionarios 5.000 millones de euros, que hemos guardado con cariño en el Banco de China.

Llegan a mis oídos rumores de que ciertos barcos vuestros vienen hacia China. Os ruego me confirméis con qué finalidad, para decidir si vendemos de golpe los 5.000 millones de euros que tenemos aquí, inundo el mercado con vuestra moneda, hago bajar el valor del euro de golpe, y hundo así vuestra moneda... Y con ella vuestros países.

Con gran afecto. El Presidente chino”.

Los periódicos -al día siguiente- sacaron la foto de una imponente flota europea frente a las costas chinas…

…Disparando salvas de honor por la llegada del nuevo año de su calendario.