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lunes, 21 de noviembre de 2011

EVITANDO EL PURO DE LOS MERCADOS: Un Winston para Mariano

Has ganado, Mariano. No seré de los que digan que los ganadores de estas elecciones son los perdedores, porque han de lidiar con la crisis. Te has presentado, y has ganado: Felicidades.

Ahora sabes que tienes por delante el mundo real, no los fuegos de artificio de la campaña electoral. Y lo primero: hacernos creer que podemos superar lo que se nos viene encima. Lo que ya ha llegado.

Por eso, Mariano, no esperamos que nos ocultes lo que todos ya sabemos. Porque lo sabemos; y porque esperamos que nos ayudes a salir de ésta. A nosotros, que somos los que hemos de hacerlo. Y los que la sufrimos.

Como los mercados te acechan, y nosotros estamos cansados -hartos-, déjame que -aparte de lo que quieras o te quieran preparar- te sugiera algo que ya está escrito. Para cuando nos hables. A nosotros; y también a los mercados.

Que es una guerra de cinco millones de parados...

Discurso de Winston Churchill a la Cámara de los Comunes Británica
13 de mayo de 1940

Debemos recordar que estamos en las fases preliminares de una de las grandes batallas de la historia, que nosotros estamos actuando en muchos puntos de Noruega y Holanda, que estamos preparados en el Mediterráneo, que la batalla aérea es continua y que muchos preparativos tienen que hacerse aquí y en el exterior.

En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».

Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.

Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra: Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.

Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas»