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miércoles, 23 de noviembre de 2011

LOS MERCADOS Y LAS ELECCIONES (II): El policía, el mafioso y el bróker

Muchos de nosotros recordaremos una frase que se pronuncia en tantas películas americanas. En distintos contextos, pero siempre la misma frase:

- Entra en la comisaría el policía que siempre va por libre en la persecución de los malos, y cuando pasa por delante de la mesa de su sufrido jefe, éste le dice “la frase”.

- Llega el mafioso al bar nocturno, agarra por las solapas al típico soplón, y con una mirada desafiante le dice “la frase”.

- Está el broker delante de la pantalla de su ordenador en la agencia de bolsa, y pasa por el pasillo el jefe, que le mira y le dice “la frase”.

¿Qué frase es ésa?: La misma que le dijeron en el artículo de ayer a Juan Cordones los mercados, y la misma que le lanzaron a España el día después de las elecciones.

Y como esa frase no tuvo respuesta por parte de los interlocutores, en el primer caso –ficticio– las acciones de Alpargates S.A. bajaron un 10%; y en el segundo –real– la bolsa española se hundió y nuestra prima de riesgo subió.

¿Y cuál es esa frase? Pues simplemente: “DIME ALGO QUE NO SEPA YA”.

Es decir, algo que yo ya no preveía, teniendo en cuenta además que los mercados, que no son otra cosa que gente que se juega su dinero –y mucho–, tiene las mejores fuentes de información.

Por tanto, para que los mercados se muevan en un sentido positivo o negativo, hay que hacer algo que ellos no esperen, para bien o para mal. Pero además, si hacemos lo esperado, cuando son tiempos buenos se interpreta como bueno, y si son tiempos malos, como malo.

Alpargates S.A. había anunciado a bombo y platillo que fabricarían y venderían un 50% más de zapatos. Por tanto, los mercados no tuvieron ni que esforzarse en conocerlo. De todas formas esto casi da igual, porque al ver la fábrica funcionar por las noches y a los comerciales sin parar de viajar, habrían pensado: este año venderán un 50% más.

¿Y qué paso? Pues que cumplieron su objetivo. Y como estamos en un contexto de crisis –malo–, el hacer solamente lo esperado se interpreta como malo, y por eso sus acciones cayeron en bolsa un 10%.

Para subir, tendrían que haber vendido un 60% más. Y si se hubiesen quedado en un 40%, aún siendo una tremenda subida en la producción, las acciones se habrían desplomado, pues no habrían cumplido ni siquiera con las expectativas.

Pero su pecado, de cara a los mercados, fue doble: al anunciar orgullosos la consecución del objetivo, hicieron pensar a los mercados no sólo que no habían mejorado sus expectativas, sino que no tenían intención de hacerlo, pues el mero cumplimiento de los objetivos les hacía sentirse tan contentos como para traerse a “Paquirrín”.

Y es aquí donde se produce la fractura entre lo que cree la mayoría y lo que piensan los mercados. Unos orgullosos, y los otros decepcionados; por el mismo hecho.

Como ya sabemos, las agencias de calificación son esas instituciones tan temidas por gobiernos, bancos y multinacionales, por ser las que deciden la nota que le dan a cada uno de ellos en función de cómo se encuentran económica y financieramente.

Curiosamente, una de las más importantes -la agencia Fitch-, pareció querer ayer sumarse al acertijo, con una noticia que fue de las noticias más comentadas de los medios económicos:

“La agencia de calificación Fitch pide a Rajoy que tome medidas que ‘sorprendan’ al mercado”

No hay que decir que al final los que pagamos las fiestas sorpresa somos los ciudadanos. Pero ése es otro cantar...