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lunes, 15 de octubre de 2012

SOBRELLEVANDO LA CRISIS (I): Tu esfuerzo es harina de otro costal


Anoche tuve una pesadilla de ésas que cuando te despiertas no sabes aún si se trata de algo real o una fantasía.

Salía de mi casa con un saco cargado de harina, que tenía que llevar a un horno para hacer pan; con prisa porque llegaba tarde.

Caminaba por un sendero soleado, y al poco me encontré con una persona de cara sonriente que me ayudó a colocarme mejor el fardo. Se lo agradecí, pero antes de dejarme marchar me exigió un pago de diez puñados de harina.

Tras esa sisa en mi carga, continué el camino. Apenas pasados unos minutos, me encontré con un anciano sentado en el suelo. Tenía al lado a la misma persona sonriente de antes, que me paró y me pidió un poco de harina para el viejito.

No tuvo que insistir, y le volqué en el cuenco que tenía a los pies un gran montón; antes de continuar la marcha.

Comencé a oír entonces una especie de música a lo lejos. Y casi sin darme cuenta me encontré en medio de una fiesta. Había gente bailando a mi alrededor, comiendo unos enormes pasteles. Traté de coger uno para mí, pero desaparecían justo antes de que pudiese alcanzarlos.

Y de nuevo el hombre de cara sonriente, que se me acercó con otros que parecían gemelos, me quitaron el saco, lo abrieron y se quedaron con la mitad de la harina.

Agarré lo que quedaba y salí corriendo todo lo que pude, hasta que dejé de oír la música. Veía ya a lo lejos el horno, mientras mientras llegaba por detrás de mí al alegre personaje con un cuchillo, y empezó a hacerle agujeros al saco que cargaba.

Trataba de alejarme de él, mientras perdía la poca harina que me quedaba a chorros, y el hombre sonriente comenzó a decir: 41, 42, 43... 43... ¡43! señor, ¡el 43!

"¿Eh?, ¿uh?, ¿dónde estoy?" Acerté a decir desorientado. Y vi entonces un hombre sonriente que me miraba y me decía:

Se ha quedado dormido. Es su turno para presentar los impuestos del trimestre. Ventanilla 4.