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lunes, 17 de junio de 2013

LA FIESTA ECONÓMICA ESPAÑOLA (I): Con DJ alemán y ¿copas gratis?


Antonio siempre fue un hombre precavido, y conservador en lo que atañe al dinero. Tal vez por eso no había progresado demasiado, pero tenía una vida sin sobresaltos; y tranquila, sobre todo tranquila.

Luis era más emprendedor, y su sueño de una vida mejor le había llevado a pedir dinero prestado para montar una fábrica. Su éxito era suficiente para pagar el préstamo, el elevado número de trabajadores y una existencia con algunos caprichos.

Federico siempre había estado en la cresta de la ola, pero ahora la cosa había cambiado, y la escasez de dinero le había llevado a recurrir con demasiada frecuencia al banco para continuar con su tren de vida. Y aparentar en sus fiestas que todo seguía como siempre y no pasaba nada.

Durante los últimos meses se ha creado una cierta polémica en los medios económicos especializados acerca de qué cantidad de deuda pública es bueno tener.

También hemos sabido ahora que la deuda española está creciendo a un ritmo como no lo ha hecho nunca. De hecho, el primer trimestre de este año se ha desbocado.

Cuando aún tenemos en la memoria el estado lamentable en que quedaron las arcas públicas con el anterior Presidente del Gobierno, ahora nos damos en la cara con datos que superan incluso ese período.

La deuda pública española ha llegado ya al 90% del PIB español, es decir, que pronto alcanzaremos la cifra de deber tanto dinero como todo lo que producimos en un año.

Y el caso es que alguno podrá plantearse que él también debe tanto o más de lo que produce en un año, y no digamos si tiene hipoteca, que deberá que pagar en muchos años.

Pero la diferencia es que, como hemos dicho más arriba, puedes no deber nada y ser como Antonio, o deber dinero como Luis porque has construido una fábrica o una casa, que estás pagando poco a poco.

El problema surge cuando eres Federico, que te endeudas para mantener un tren de vida que ya no te puedes permitir; sin fábrica y sin casa.

Y si uno mira las cuentas españolas, se da cuenta de que la deuda que vamos contrayendo ahora no paga la inversión en proyectos que nos darán de comer cuando estén terminados, sino que va en buena parte a los gastos de Federico.

Antonio, Luis o Federico, esos son los modelos: ¿Cuál es nuestro modelo?

Porque lo malo es cuando la fiesta no la pagamos ya nosotros, sino los que nos prestan; y entonces nos ponen condiciones.

Condiciones escritas en alemán...