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jueves, 2 de agosto de 2012

¿QUÉ HA OCURRIDO? (II): El virus imparable


Comenzó un día, en un lugar perdido de la costa. Sin que nadie se diese cuenta.

Volvió, después de un tiempo fuera, Juan a su casa. Pero no tenía síntomas. Esa noche afortunadamente la pasó solo, por estar su familia fuera. Y el virus no se expandió.

Al día siguiente, conversando en el bar de siempre con sus amigos, se produjo el primer contagio: Tres personas. Pero cuando llegaron a sus casas a la hora de la comida, los síntomas no eran tan claros como para ir a curarse de inmediato.

Esa tarde, dos de los tres salieron de paseo con sus mujeres –ya contagiadas–. La peor transmisión era por el aire, con la mera conversación. Y se tiraron todo el tiempo de charla con los vecinos, que paseaban por el mismo sitio con sus familias.

Al final de esa segunda jornada, ya eran más de treinta los ciudadanos contagiados. Sin que nadie se diese cuenta.

Y llegó el día siguiente, y el otro; y el fin de semana. En ese momento, ya con 250 personas contagiadas en el pueblo, al menos 40 se desplazaron a otros lugares cercanos a pasar el domingo. Incluso 8 de ellos a una provincia distinta a visitar amigos.

Para el final del mes, se estimaban en 5.000 los contagios. Y ya era imparable: En cuestión de tres meses, al menos quince provincias estaban ya con el virus en su población. Más de 300.000 personas.

En ese momento las autoridades ya eran conscientes del grave problema. Pero demasiado tarde por desgracia, con unos enfermos que sólo eran desahuciados. Y acudieron a pedir ayuda a Europa, en un intento desesperado.

Sin embargo, esos países habían estado observando la extensión del virus por nuestro país, sin que nadie hiciese nada, y no querían implicarse: Era mucho el temor a que el mal acabase con todos.

Fue así como el virus de las hipotecas se extendió por toda España, y cómo alcanzó a buena parte de la población. Pero ahora había que devolverlas, y nadie sabía cómo, porque estaban muy débiles y con una economía postrada; y desde fuera no querían ayudarnos.

La población estaba temerosa, y más aún los dirigentes. A estas alturas no sabían si serían suficientes los antibióticos…

… Y habría que traer antidisturbios.


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