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viernes, 31 de mayo de 2013

CUANDO EN ECONOMÍA SE GANA PERDIENDO (II): El caballo de Bankia


Vimos en el último artículo cómo una persona que ha apostado por un caballo perdedor puede ganar mucho dinero si lo que apostó fue que perdía.

En efecto, lo importante no era que su caballo venciera, sino averiguar qué iba a hacer; en este caso perder.

Con la bolsa sucede lo mismo: Si sabemos o intuimos que una acción va a bajar, podemos invertir a que baja; y ganaremos con ello mucho dinero.

Sólo hay que seguir el siguiente procedimiento:

Supongamos que una acción vale 200€, y por el motivo que sea intuimos que va a bajar.

Podemos dirigirnos a alguien que tenga 10 acciones y que no tenga pensado venderlas, de tal forma que le pedimos que solamente nos las ceda a cambio de darle al cabo de unos días otras iguales más una pequeña cantidad de dinero.

En cuanto tenemos las 10 acciones, las vendemos, y conseguimos 10 x 200€ = 2.000€ con la venta.

Al cabo de unos días, cuando tenemos que devolver las 10 acciones, resulta que hemos acertado, y el precio de cada acción ha bajado de 200€ a 100€.

Compramos entonces 10 acciones para poder devolverlas, y nos cuestan 10 x 100€ = 1.000€ por la compra.

Por tanto, terminada la operación tenemos lo siguiente:

- Hemos sacado vendiendo las acciones al inicio: 2.000€

- Hemos comprado acciones al final por valor de: 1.000€

- Hemos ganado un total de: 1.000€

Y todo ello a cambio de la pequeña cantidad que acordamos pagar al que en un principio tenía 10 acciones, y que luego recibió de nuevo otras 10 acciones.

Obviamente, el dueño de esas 10 acciones (y que no tenía pensado venderlas) ha visto cómo su propiedad ha bajado hasta la mitad de precio, y nosotros nos hemos quedado con la diferencia.

Pues eso es lo que ha sucedido con las acciones de Bankia estos días...

Resulta que la gente que tuvo la desgracia de verse enganchada en las preferentes, en vez de recibir su dinero, se enteró de la noticia de que el banco los iba a compensar dándoles acciones del propio banco.

Como la cantidad de acciones que iban a recibir todos era muy alta, lo lógico y previsible era que el valor de las acciones de Bankia bajara, porque se preveía que en cuanto las recibiesen saldrían en masa a venderlas para recuperar parte de su dinero.

Mientras esos dueños de preferentes estaban esperando a recibir sus acciones, algunos adelantados se hicieron con acciones de Bankia ya existentes y las vendieron antes de que su valor bajara (los 2.000€ que vimos).

Cuando los dueños de preferentes recibieron sus acciones el precio de Bankia bajó, y los adelantados aprovecharon para comprar al precio bajo (los 1.000€ que explicamos), y ganaron con el trámite mucho dinero (1.000€ del total de la operación).

Hasta ahora hemos hablado de 10 acciones, y se ganaban 1.000€. Pero, ¿y si algunos adelantados hubiesen comprado 1 millón de acciones de Bankia antes de que bajaran? ¡Habrían ganado 1.000 millones de euros!

El resultado final es que cuando los dueños de preferentes recibieron sus acciones, el valor bajó: El caballo de Bankia había perdido.

Pero los que se hicieron con acciones antes de que bajaran, para venderlas y luego comprarlas, se conviertieron en millonarios.

Bankia perdió, y muchos ahorradores vieron cómo sus ahorros se esfumaban: Tanto los que tenían acciones y no las vendieron antes de que cayeran, como los dueños de preferentes que recibieron acciones cuando ya habían caído.

Pero unos pocos daban saltos de alegría: Los que habían vendido a un precio y comprado a otro mucho menor.

Ahora se dice que se va a investigar qué ha sucedido...

Ha sucedido que en vez de devolver el dinero a los que fueron enganchados con preferentes, han hecho ricos a los que apostaron por el caballo perdedor. Sabiendo que iba a perder.


miércoles, 29 de mayo de 2013

CUANDO EN ECONOMÍA SE GANA PERDIENDO (I): El hombre de negro


- Perdón, señor, ¿está seguro? -le preguntó con asombro Manuel a la persona que tenía justo delante en la cola y que estaba realizando su apuesta-.

- “Por supuesto, amigo”, le respondió esa persona, que iba totalmente vestido de negro.

- ¿Sinceramente quiere apostar por la yegua? -volvió a cuestionarle Manuel, sabiendo que era imposible que ganara la carrera dado el estado lastimoso con el que la presentaron sus cuidadores-.

- Desde luego: ¡Todo a la yegua!

No habían pasado ni diez minutos cuando, tras la llegada de los caballos a meta, y la yegua en último lugar, se oyeron varios alaridos en el hipódromo.

En mitad de la gente, Manuel no veía nada, así que le preguntó al que tenía al lado quién gritaba.

- Un tío medio loco vestido de negro.

- ¿De negro? Eso no puede ser…

Se acercó entonces Manuel a la zona de donde partían los gritos… Y allí estaba. ¿Se había vuelto loco? Si todo el mundo había visto llegar a la yegua la última: ¡Con cuatro cuerpos de desventaja!

Y de repente el hombre de negro, que lo había visto, se le acercó y le propinó un abrazo de esos que parten por la mitad; mientras seguía gritando: ¡soy rico! ¡soy rico!

Manuel ya no sabía que pensar, así que esperó a que el de negro se calmara, esperando que también se le pasase la locura. Y entonces le hizo la pregunta del millón:

- Mira, tonto no pareces, pero lo estás demostrando, así que ya me dirás el motivo de tu alegría

El oscuro personaje no se lo tomó como ofensa debido a su alegría, así que con una amplia sonrisa le respondió:

- Todos sabíais que la yegua era realmente penca, que no estaba bien cuidada: No le daban de comer casi ningún día, y parecía más un galgo que un caballo de lo delgada que estaba…

- Así es -respondió Manuel-, y no hacía falta ser un lince para darse cuenta.

- Entonces tú sabías como yo –prosiguió el de negro- que llegaría la última.

- Obviamente.

- ¿Y por qué caballo apostaste?

- Pues por el tordo, que llegó tercero.

- Luego no acertaste –continuó el oscuro personaje.

- Hombre, no siempre se acierta…

- Bueno, yo sí acerté.

- ¿Perdona? -Manuel ya no aguantaba más-.

- Es que yo aposté por la yegua… Pero aposté a que llegaba la última. ¡Y acerté!

Y es que Manuel no sabía que no sólo se podía apostar a que un caballo ganaba, sino también a que uno perdía... Como tal vez tú no sabes que en la bolsa se puede apostar a que unas acciones bajan.

Por eso la yegua se llamaba Bankia, y muchos apostaron a que bajaba, como efectivamente las acciones bajaron. Y por eso ahora son un poco más ricos.

Pero ésa es una explicación para mañana.


lunes, 27 de mayo de 2013

MI CARRO ME LO ROBARON ANOCHE MIENTRAS INVERTÍA (y III): Ay, dónde estarán los ahorros, Manolo


El viernes quedé a tomar unas cervezas con mi amigo Manolo. También habíamos pensado en ir al cine, pero por el precio de las dos entradas ahora, casi podíamos invitar a medio barrio a cenar.

Manolo me contó que se había comprado un coche nuevo, lo cual hizo que lo pusiese en la categoría de millonarios hoy día en España. Pero cuando le apunté su obligación de pagar todas las rondas, me dijo que esperara a escuchar lo que tenía que decirme.

En un principio había decidido dejarlo aparcado en la puerta de su casa, pues quería tenerlo a la vista. Pero al poco tiempo estaba con tanto polvo encima que la gente empezó a pensar que le gustaban los tonos marrones.

Tal y como comentamos en los artículos anteriores, si uno tiene la suerte de poseer unos ahorros, la primera opción es guardarlos nosotros mismos en un lugar seguro.

Así que al poco tiempo mi amigo Manolo había llevado su coche a un aparcamiento. Por supuesto, podía imaginarme -me insistió- que acudió a uno con modernas instalaciones y llevado por profesionales.

Una segunda opción para nuestro dinero sería depositarlo en la cuenta corriente de un banco. Allí puede estar más seguro, sin llegar al 100% hoy en día debido a que podrían usarlo para posibles rescates de nuestra economía; pero en principio está más a salvo que en otros lugares.

“Bueno, problema resuelto, Manolo, ya puedes pagar otra ronda de cervezas”, le animé. “No tan rápido -me soltó-, pues ahora viene la segunda parte”. “¿Segunda parte? ¿Se hundió el aparcamiento?”, no pude contenerme.

“Resulta que al poco tiempo de llevar el coche, el dueño del aparcamiento me advirtió que teniéndolo allí parado no le sacaba ningún beneficio, y que había otras opciones…”

“¿Otras opciones?”, le disparé temiéndome lo que venía después. “Bueno, a la gente de confianza le proponía dejarle su coche para usarlo como taxi cuando no se utilizase, y de esa manera se obtenía un buen dinero”

Otra opción para nuestros ahorros, y que ha sido el motivo de estos tres artículos, podría ser invertir el dinero en un fondo de inversión.

En este caso, pasamos de un terreno más o menos seguro (tener el dinero guardado nosotros mismas o en la cuenta corriente en un banco), a arriesgar los ahorros para tratar de sacar un beneficio mayor.

Esos fondos utilizan nuestro dinero para hacer inversiones en distintos campos, que normalmente exceden el común conocimiento de los clientes habituales de un banco. Además, es importante notar que aunque nos los ofrezcan en ese banco, él no responderá en caso de pérdidas.

La cara de mi amigo, más que mostrar disposición a invitar a cervezas, animaba ahora a comprarle unas cuantas aspirinas.

“Desde luego fue un accidente”, me dijo Manolo. “Pues sí, un error, porque a saber lo que podía pasarle al coche”, le repliqué. “No, que fue un accidente lo que me hizo perderlo: Siniestro total cuando el del aparcamiento iba a recoger a un cliente”, comentó.

Con los fondos de inversión podemos ganar mucho dinero, y también perderlo todo. Como siempre se ha dicho: Nadie da duros a cuatro pesetas; y todo beneficio lleva siempre su riesgo.

Por eso hay que elegir, con cuidado, la opción que deseamos. Por nosotros mismos.

Para que no suceda lo que ya nos advertían hace muchos años...



viernes, 24 de mayo de 2013

MI CARRO ME LO ROBARON (II): A ti, que eres una especie en extinción


Tal y como dijimos ayer,

“La Comisión Nacional del Mercado de Valores vigila el traslado de depósitos bancarios a fondos de inversión”

Esa Comisión es una de las encargadas de supervisar que todo funcione correctamente en el sistema financiero; y entre otras cosas que no se engañe a los clientes. Por ello, no hace falta insistir en si cumplió o no su labor con el tema de las preferentes.

Pero ahora ha decidido tomar cartas en este nuevo asunto que se produce en muchas entidades bancarias con respecto a los ahorros de los clientes.

El riesgo

Ayer comentamos que tu dinero puedes guardarlo en un lugar escondido, en una cuenta corriente, u optar por otros lugares que SIEMPRE tienen un riesgo elevado.

Por tanto, una primera consideración puede ser que el dinero que necesites deberías tenerlo a buen recaudo para poder emplearlo precisamente cuando te haga falta, tanto a corto como medio plazo.

Podría suceder que si usas ese dinero para aventuras más o menos arriesgadas, cuando lo necesites no lo tengas porque lo hayas perdido o no lo puedas sacar. Y entonces, ¿quién te ayudará con la hipoteca? ¿Y con la cuenta del supermercado?

El dinero que no necesitas

Si formas parte de la especie en extinción que posee unos ahorros que no necesita en un futuro inmediato, ten por seguro que vas a ser la presa más codiciada del sistema financiero.

Muchos se lanzarán a ti con ofertas maravillosas, que supuestamente no tienen riesgo y con las que se podrían sacar grandes beneficios.

Es en esos momentos cuando debes pensar en tus abuelos, y lo que ellos dirían: ¿Cómo es posible que den duros a cuatro pesetas? ¿Cómo se pueden obtener beneficios superiores a lo normal si no hay riesgo?

El dinero vale mucho

Hay un pensamiento económico bastante común que dice que hay que invertir el dinero para que no pierda su valor con el tiempo. Y se razona que si la inflación (lo que suben los precios cada año) es del 3%, tu dinero vale entonces un 3% menos. En definitiva: Si hoy algo vale 100 euros, el año que viene valdrá 103.

Sin dejar de ser cierto lo anterior, no siempre se cumple. Porque ¿qué pasaría si comparas tu dinero con respecto a un piso? En este caso, si los pisos bajan cada año un 12%, eso es exactamente lo que tú habrás ganado con tu dinero si en vez de comprarte el piso este año esperas al siguiente; y tu dinero se habrá revalorizado.

¿Tengo que arriesgar mi dinero?

Por tanto, tú -y sólo tú- eres quien tiene que decidir si te merece la pena arriesgar tu dinero en inversiones aventureras en vez de dejarlo guardado.

¿Que puedes ganar más dinero con esas aventuras?: Desde luego; pero también puedes perderlo todo. Y como hemos dicho, el dinero hoy en día vale mucho, sobre todo si lo comparas con tantas cosas que no paran de bajar, y cuyos propietarios estarían dispuestos a darte a cambio de tu dinero

¿Qué es un fondo de inversión?

Cuando se te acerque ese sistema financiero a ti, que eres la apetitosa presa con un poco de dinero, posiblemente te hablen de meterlo en un “fondo de inversión”.

Pero como eres una especie en extinción, y estás agotada de tanto huir por tu supervivencia, ése será un tema que trataremos el lunes.


jueves, 23 de mayo de 2013

MI CARRO ME LO ROBARON (I): Y los ahorros en la caja no se sabe


A medida que va pasando el tiempo y seguimos descubriendo todos los tejemanejes realizados en las cajas de ahorros y algunos bancos, entrar en ellos se va convirtiendo en un ejercicio de riesgo.

Nuestros abuelos siempre pusieron al director de la sucursal a la altura de un buen amigo, y por eso su asesoramiento era tomado como consejo de alguien que pensaba en ti.

Luego, como es bien sabido, todo cambió, y se llegó al triste extremo de las preferentes. Pero… ¿Podemos decir que las cosas son ahora distintas? ¿Hemos vuelto ya a la buena senda?

“La Comisión Nacional del Mercado de Valores vigila el traslado de depósitos bancarios a fondos de inversión”

Una persona se encuentra con varias posibilidades para el dinero que posee, si es que tiene la suerte de poder ahorrar:

1) Guardarlo en un lugar escondido:

Esta opción tiene la ventaja de que el dinero lo controlas por ti mismo, pero la desventaja de que pueden robártelo (cosa que no hay que descartar en las otras posibilidades).

Además, como no ganas intereses con el dinero que guardas, al subir cada año el coste de la vida por la inflación (los precios de las cosas suben), tu dinero vale cada vez menos.

2) Meterlo en una cuenta corriente en un banco o caja de ahorros:

La ventaja aquí reside en que en teoría tu dinero queda a salvo de posibles ladrones. En principio podemos decir que está seguro.

El problema es que después de lo ocurrido en Chipre, nadie te asegura que no puedan tomar al menos una parte de esto que es tuyo para solucionar los problemas del sistema financiero.

La desventaja es que como te puedes llevar el dinero cuando quieras, el banco te da muy pocos intereses, y de nuevo la subida del coste de la vida hace que tu dinero vaya perdiendo valor, pues los intereses no compensan la subida.

3) Otras opciones:

Una vez que abandonas la opción de guardar el dinero en un lugar escondido o en una cuenta corriente, cualquier otra alternativa tiene un riesgo más o menos alto, o incluso altísimo.

En este caso, por mucho que traten de hacerte ver que no corres riesgos, siempre están ahí a niveles elevados. Por eso te ofrecen más interés por tu dinero, porque el banco lo va a usar en temas que si la cosa va bien ganas, pero puede ir mal y perderlo todo.

A muchos les dijeron que las preferentes eran como una cuenta corriente, pero como mayor interés, y que el banco se las compraría cuando lo deseasen. Lo que no les explicaron es que el banco podría no comprarlas, o hacerlo por muchísimo menos precio.

Pero tras esas lamentables actuaciones con las preferentes, ahora se detecta que muchos clientes están optando por cambiar sus depósitos en cuentas corrientes por fondos de inversión.

Y ésa es una historia para contar mañana…


miércoles, 22 de mayo de 2013

EL MERCADO LABORAL (III): Del portero al agua contundente


Habíamos dejado ayer a nuestros vecinos corriendo hacia el contador del agua del edificio, para ver si era verdad lo que decía el portero con lógica aplastante: “No llega el agua a los pisos porque no entra en la comunidad”.

Los pocos que aún quedaban en la sala con el portero, ya no se reían de él cuando decía esas aparentes obviedades, sobre todo porque ya habían comprobado cuánta razón tenía al decir que por mucho que arreglaran las cañerías o cambiaran los modelos de grifos, si no entraba agua en el edificio tampoco llegaría a sus hogares.

Eso tenía como contrapartida en el mercado laboral que por mucho que se empeñasen en facilitar la movilidad de los trabajadores, cambiar los modelos de contrato o unificarlos, y hasta permitir los minijobs, si la gente no entraba a comprar porque no tenía dinero en el bolsillo, ninguna tienda crearía empleo.

Pero ahora los que habían salido a la carrera al contador del agua, no oyeron seguir al portero:

“Si se quiere que el agua llegue al edificio, antes la empresa de aguas habrá tenido que conseguirla”

- Hombre, obvio –pensó Antonio el del quinto antes de murmurar que ya se estaba pasando de listo–.

“¿Y cómo la conseguirá antes de tener el dinero con que los vecinos pagarán ese agua? Pues con un crédito del banco que se lo adelanta, y una vez que haya cobrado, la empresa de aguas podrá repagarlo”

Ahora Andrés lo que estaba pensando es que el portero debía ser un economista huido de la justicia de algún punto del planeta, y empezaba a creer que en su mesa debía de estar especulando en vez de separando los sobres de la correspondencia cada mañana.

“Por tanto –prosiguió, si los ciudadanos no tienen dinero en el bolsillo porque se lo sacan a base de impuestos, y no entran a comprar; y las tiendas no pueden pedir créditos al banco para que les adelante el dinero y así adquirir sus productos para cuando lleguen los clientes, no habrá forma de crear empleo”

En ese momento llegaron los que habían ido a comprobar si entraba agua en el edificio, y vieron que tantas cañerías arregladas, y tantos modelos de grifos nuevos, no habían servido para nada: La empresa de aguas había quebrado.

Fue entonces cuando se enteraron de que el ayuntamiento, para solucionar el tema, había decidido subvencionar las botellas de agua.

Beberlas no sabía si iban a beberlas, pero más de uno estaba pensando en usarlas como objeto contundente…


martes, 21 de mayo de 2013

EL MERCADO LABORAL (II): El contrato y la talla de tu camisa


Dejamos ayer a mi comunidad de vecinos a grito pelado como respuesta a la aplastante lógica del portero sobre la escasez de agua.

Tras hacer un costoso estudio, arreglar las cañerías y cambiar los modelos de grifos, vino a decirnos que "el agua no puede llegar porque no hay".

Tras calmar el presidente los ánimos, el portero pudo continuar:

- Miren, el agua es como el trabajo, que para que haya tiene que haberlo.

Desde luego el razonamiento seguía con su lógica aplastante, tanto que el presidente tuvo que evitar que algunos optaran por aplastar al portero junto con su lógica. Pero al final pudo continuar:

- Pueden ustedes encargar costosos informes acerca de por qué no hay trabajo, arreglar las cañerías para que haya una mayor movilidad de los trabajadores, unificar los contratos laborales y hasta implantar los minijobs, que si no miran lo que pasa en las empresas nada cambiará.

Ahora algunos empezaban a hundirse en las sillas viendo que el portero tonto no era, más bien superaba a más de uno y de tres en la reunión. Y prosiguió:

- Veo que algunos de ustedes llevan una camisa más que gastada -de nuevo caras de "lo aplasto"-. Si ahora les digo que han cambiado el tallaje de esas prendas, ¿será ése el motivo por el que se comprarán otra?

Silencio en los presentes...

- Obviamente, lo importante para que el agua corra en sus grifos es que llegue al edificio, y para que el dinero corra en la economía que llegue a las tiendas; para eso los clientes ha  de tener dinero en el bolsillo. Pero si se lo quitan con impuestos, no irán a comprar camisas.

El portero iba poco a poco aproximándose a profesor particular no ya de los hijos de los vecinos, sino de los propios vecinos.

- Por tanto, pueden cambiar el modelo de grifos, que si no llega el agua a la comunidad, no la tendrán en sus hogares. Y pueden cambiar o unificar los modelos de contrato, e incluso poner minijobs, que si no llega dinero a las tiendas, éstas no contratarán gente; es más, echarán a los que tienen en plantilla y cerrarán.

No había acabado de hablar, cuando muchos salían ya disparados a comprobar la llave de entrada del agua en el edificio. Y con la precipitación no oyeron la importante advertencia del portero.

Que queda para mañana...


lunes, 20 de mayo de 2013

EL MERCADO LABORAL (I): El agua y el portero aplastante


En nuestra comunidad de vecinos el ambiente anda crispado últimamente, y todo a costa del agua. Que no llega.

El problema comenzó el año pasado, cuando el del quinto apareció en una reunión de vecinos con el pelo revuelto y el ánimo más todavía. Al parecer el agua no siempre llegaba a su piso, y esa mañana no había podido ni peinarse.

Aprobamos entonces realizar un estudio del tema, que resultó más caro de lo previsto. Pero al fin teníamos la solución: Había que cambiar las cañerías, que estaban obstruidas y no dejaban pasar bien el agua.

Dos meses de obras nos costó la broma, pero al final encontraríamos la tranquilidad perdida... Hasta la siguiente reunión, donde apareció de nuevo el vecino del pelo revuelto, y otros dos como él: El agua no llegaba ahora a ninguno de ellos.

La bronca fue proporcional al coste del informe primero y de las obras posteriores. Tanto dinero y tanto ruido para nada, pero estaba claro que había que buscar otra solución.

Al final resultó que el problema estaba en los grifos, con un tamaño tan grande que se iba todo el agua por los pisos inferiores sin que llegase más arriba. Pero el tema tenía mayor complejidad, porque resulta que con el tiempo cada uno había instalado tal variedad de modelos diferentes que no había manera de distribuir bien el agua.

Se optó entonces por unificar los grifos de los pisos, reduciéndolos básicamente a un modelo para los baños y otro para el resto de la vivienda, a excepción de la cocina, con un chorro más potente.

Algún vecino propuso, sin gran éxito, que instaláramos una especie de minigrifos que podían distribuir mejor el agua al tener todos una menor capacidad, pero fue rechazado: sólo faltaba que después del camino recorrido tuviésemos que conformarnos con un pequeño chorro que no gustaba a nadie.

Y llegó el gran día, después del famoso informe sobre el caudal de agua de la comunidad, cambiar las cañerías y reducir los tipos de grifos a tres modelos únicamente.

El presidente entró en la reunión de vecinos con cara risueña de "misión cumplida". Pero le duró lo que tardó en ver a la mitad de los vecinos con el pelo revuelto, y la reunión todavía más: ¡El agua no llegaba ya a la mitad de las viviendas!

Se optó por llamar inmediatamente al portero, que se quedó extrañado por su convocatoria a la reunión de propietarios, y más aún por la pregunta acerca de la escasez del agua.

- Me van a perdonar ustedes -comenzó con aplastante lógica- pero es que no llega porque no hay.

Bueno, aquello ya fue lo más. Hasta algún grito se oyó entre los presentes. Por eso, mientras se calman, esperaremos a mañana para seguir con nuestra historia.


viernes, 17 de mayo de 2013

LA DEUDA (III): Mi tía abuela no tiene seis folios


Cuando somos pequeños, nos enseñan a contar:

1, 2, 3, 4... Repetimos todos. En España y en Japón. Ricos y pobres. Los que trabajarán la tierra y los que serán ministros.

1, 2, 3, 4... Si algo ha enseñado esta crisis es que no por tener un currículum de 6 folios, ni un sueldo de las mismas cifras, se sabe evitar que caigamos en el pozo; y sacarnos de él.

1, 2, 3, 4... Aprendió el Presidente del Banco Central Europeo. Y los presidentes del gobierno de todo el continente. Y mi tía abuela.

- Tía, ¿qué tal estás?

- Bien, bien. Pero mis nietos me tienen preocupada...

- Supongo que por la crisis... ¿Y tú como ves la situación, tía?

- Uy, yo de eso no entiendo...

- Pues fíjate que el Estado este año se va a gastar 60.000 millones de euros más de los que gana.

- ¿En serio? ¿Con lo mal que están las cosas? ¿Y cómo lo va a pagar, sobrino?

LECCIÓN 1 DE TÍA ABUELA: Las deudas se pagan. Y si gastas más de lo que ingresas, estando además en tiempos de crisis, sólo aumentas la bola en el futuro.
La deuda del Estado va a llegar pronto al 100% de lo que España produce en su conjunto. Los intereses que pagamos al año por esa deuda es tanto como todas las prestaciones por el paro: 38.000 millones de euros. Y como este año gastaremos 60.000 millones más de lo que ingresaremos, el año que viene pagaremos más intereses aún.
- Bueno tía, ya se verá cómo pagamos la deuda. De todas formas, así conseguimos tener dinero para hoy, que lo necesitamos.

- Pero entonces, ¿de qué vamos a comer mañana?

LECCIÓN 2 DE TÍA ABUELA: Al endeudarnos más, y tener que pagar más intereses, se tendrán que subir más los impuestos a las familias y empresas, y les quitaremos más renta disponible; la poca que tienen.

- No sé, tía, trabajaremos un poco más...

- ¿Más? Ojalá... Ya sabes que mi hijo -tu primo- tiene la tienda vacía, porque la gente no tiene dinero.

LECCIÓN 3 DE TÍA ABUELA: Si se quita renta disponible a empresas y familias, no compran, y entonces las tiendas facturan menos.
Se pagarán entonces menos impuestos en concepto de IVA, IRPF, Impuesto de Sociedades... Y como el Estado no ingresa dinero para pagar su deuda, pide más préstamos. Se pagarán más intereses y se subirán aún más los impuestos para tratar de recaudar más... Y así sigue la bola: Imparable.
1, 2, 3, 4... Cuenta mi tía abuela a sus 91 años.

1, 5, 12, 24... Quieren contar los de los 6 folios y 6 cifras.

Mi tía abuela tiene 91 años. Los demás aún no han llegado.

¿Llegarán? ¿Llegaremos?


jueves, 16 de mayo de 2013

LA DEUDA (II): LA RULETA ESPAÑOLA. Todo al 17 y no te puedes ir


Ayer estuve cenando en un casino. Hacía años que no pisaba uno, y se me había olvidado el ambiente cerrado y de lujo efímero que se respira allí.

Tras el postre, me acerqué a la ruleta, que estaba repleta de gente. Todos ponían unas pocas fichas en las diversas casillas, menos un personaje que llamó poderosamente mi atención: Elegantemente encorbatado y con aire de suficiencia, apostaba siempre a la misma casilla: el 17.

Comenzó perdiendo un par de fichas, pero inmediatamente las repuso para seguir apostando. Y cada vez que perdía, doblaba la cantidad: 2 al 17, 4 al 17, 8 al 17… Y así sucesivamente.

Yo estaba perplejo: ¿No se daba cuenta del riesgo que corría? Pero el elegante señor seguía con su estrategia: 16 al número 17, 32 al número 17… Mientras uno de los que estaban sentados a la mesa miraba mi cara de escándalo y se reía; supongo que de mi inocencia.

Pero ya lo siguiente fue toda una sorpresa: No lo obvio –que al elegante señor se le acabaran las fichas-, sino que de repente se volviese al resto de los que estaban allí y les pidiese parte de las suyas para seguir apostando.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no entendía nada, y se ve que se me notó, porque el risueño señor me llevó a un aparte:

- Eres nuevo aquí, ¿verdad?


- Pues sí; y estoy perplejo.

- Mira, el elegante señor es un banquero, y el número 17 corresponde a las Comunidades Autónomas.

- ¿Y cuánto dinero ha puesto allí?, continué.

- Sabemos que 1.235 millones de euros hasta marzo.

- ¿Pero está loco? ¿Como ha apostado tanto dinero? ¿No se da cuenta del riesgo que corre?

- Jajaja -se desternillaba mi interlocutor-: Qué va, siempre sale y le pagan mucho dinero.

- ¿Y si no sale y no puede recuperar su dinero?

- Bueno, ya lo has visto, el resto le damos parte de nuestras fichas.

En el primer trimestre de este año, las Comunidades Autónomas gastaron en conjunto 1.235 millones de euros más de lo que ingresaron.

Ese déficit se financiará con más impuestos o pidiendo prestado más dinero a los bancos, que podrían emplear en pymes y autónomos.

Obviamente los bancos prefieren prestar a las Comunidades Autónomas, pues el Estado siempre las respaldará. Además, en caso de dificultad, nuestros impuestos irán a ayudar a esos bancos que prestan.

- Lo siento, me marcho del casino, exclamé indignado.

- No te puedes ir: El casino somos todos.

Hacienda somos todos…


martes, 14 de mayo de 2013

LA DEUDA (I): El Banco Central Europeo y las galletas de Miguelito


Ayer pude presenciar una escena típica de padre primerizo, pero no por ello menos enternecedora: Mi amigo Miguel tenía en brazos a su Miguelito, de apenas un año, mientras le miraba con cara absorta.

Por si yo había cometido el error de no darme cuenta de las enormes habilidades de su vástago, le dijo con voz cariñosa: "Miguelito, dale una galleta a papá". Sacó entonces el padre la galleta, se la puso en la mano al hijo, y esperó con ansiedad.

En ese momento, Miguelito le dio la galleta, no sin antes pegarle un mordisco. Su padre, entusiasmado, le estampó un sonoro beso al grito de: "Muy bien, Miguelito, muy bien".

El Banco Central Europeo, que se nutre del dinero de todos los europeos, no puede -teóricamente- ayudar a los estados miembros financiándole la deuda que acumulan. Pero claro, una cosa es lo que dice la ley y otra lo que se acaba haciendo...

Cada poco tiempo oímos que España acude a los mercados para conseguir dinero, pues tiene que financiar sus enormes gastos. El resultado casi siempre es el mismo últimamente: "Gran éxito de España a la hora de colocar su deuda, pues ha conseguido todo el dinero que  necesitaba para financiarse".

Pero no se dice tan fuerte que esa deuda española es comprada en buena medida por los bancos españoles, "animados" a ello por el propio Estado. Tampoco tiene que animarles tanto, porque el dinero que usan para la compra se lo da el Banco Central Europeo a un bajo interés, y pueden así invertirlo en comprar una deuda española que tiene un alto interés, ganando mucho dinero sólo con el pase.

De hecho, si cogemos febrero, sólo en ese mes 5.000 millones de euros de deuda española pasaron de estar en manos de inversores extranjeros a bancos españoles.

Por eso, si ya resulta doloroso que tengamos que acudir con tanta frecuencia a pedir dinero prestado para financiar muchos gastos a veces poco comprensibles, más aún es darse cuenta de que la confianza extranjera en nuestra deuda cae a medida que ésta crece y crece.

Además, podemos entender así por qué no hay dinero para financiar a esa pyme y a ese autónomo que conoces en tu barrio, y adónde va el dinero que presta el Banco Central Europeo a nuestros bancos: A la deuda del Estado.

Así que volvamos a Miguel (el Estado), a su Miguelito (los bancos), y a las galletas (el dinero del Banco Central Europeo):

Hoy hemos presenciado una escena, típica de estos tiempos de crisis, pero no por ello menos desoladora: El Estado ha animado a los bancos a pedir préstamos al Banco Central Europeo.

Por si habíamos cometido el error de no darnos cuenta de la importante misión que cumple el sistema financiero para solucionar la crisis, le ha dicho España: "Bancos, ayudad al Estado comprando su deuda". Les ha puesto entonces el dinero en la mano, proveniente del Banco Central Europeo, y ha esperado con ansiedad.

En ese momento, los bancos le han dado el dinero al Estado, comprando la deuda, no sin antes darle un mordisco: el Banco Central Europeo les ha dado el dinero con un tipo de interés del 0,5%, y ellos se lo dan al Estado al 4%, con lo que ganan un 3,5% con el pase.

El Estado, entusiasmado, ha alabado la función que cumple el sistema financiero. Porque hace que fluya el crédito... Al mismo Estado: "Muy bien, sistema financiero, muy bien"


lunes, 13 de mayo de 2013

LA ECONOMÍA, COMO MI CALLE, REAL COMO LA VIDA MISMA


Los que llevan rondando por el blog desde el principio, saben las muchas veces que hemos hablado de los comercios en nuestras calles. De hecho, es uno de los principales índices que manejamos sobre la economía real y su marcha.

Desde hace tres años, he ido siguiendo la evolución de esos comercios en calles concretas de varias ciudades distintas a las que suelo viajar por motivos de trabajo. Me ha servido para tener una referencia real frente al devenir de los datos abstractos que suelen aparecer en las noticias, y sobre todo en boca de nuestros dirigentes.

A lo largo de estos tres años, con dos gobiernos distintos, se nos ha hablado de brotes verdes, rayos de esperanza y síntomas de recuperación; de primas de riesgo que bajaban y crédito que se reactivaba.

Pero una cosa ha sido siempre la misma: El inexorable cierre de comercios en esas calles, como en tantas otras de España.

Ese hecho ha provocado que aquí permaneciéramos indiferentes antes supuestas evoluciones maravillosas de las variables abstractas, porque veíamos tantas pymes y autónomos cerrar, y a personas con nombres y apellidos irse al paro.

Es cierto que algunos -pocos- de esos comercios han sido sustituidos por otros: Si me fijo en las calles que he seguido en esas ciudades, ahora veo que varios bancos han sido sustituidos por perfumerías y alguna cafetería; varias tiendas de moda por todo a 100 chinos, y dos restaurantes por locales de comida rápida para llevar.

Pero ahora el ritmo de cierre parece aún mayor. Y la sustitución por otros comercios -aunque sean de menor nivel económico- no se sucede tan rápido. Por eso ayer, cuando una señora de avanzada edad me preguntó cómo veía "la cosa", le dije que "la cosa" podía verla si trataba de recordar su vida en los años 60. Porque el panorama de nuestras calles está volviendo a esa época, al menos en lo comercial.

Por ese motivo, no nos cansaremos de repetir que hay que centrarse en la economía real, en las pymes y en los autónomos. Para tratar de salvar lo existente. Mientras llega esa recuperación económica como a finales de los 60.

Porque podemos seguir con planes etéreos para que mucha gente cree supuestas empresas que mejoren la economía. Pero la primera economía real es que dejen de cerrar nuestros comercios.

Y para eso hay que hacer en primer lugar una única cosa: Dejar de agujerear el bolsillo de los ciudadanos para sacar impuestos que se dedican a temas inútiles o escandalosos.

Para que puedan comprar. En esos comercios. Donde hay pymes y autónomos concretos. Y personas con nombres y apellidos trabajando.

Reales. Personas, pymes, autónomos. Para una recuperación económica real.


viernes, 10 de mayo de 2013

PYMECIENTA, LA MADRASTRA Y EL PRÍNCIPE ESTADO


Pymecienta era una pobre empresa pequeña a la que nadie hacía caso. Trabajaba de sol a sol, con agobios, y sin que apenas le pagaran por sus esfuerzos.

Buena parte del día lo dedicaba a arreglar la casa de su madrastra, la Administración Pública, mientras ésta se gastaba mucho dinero en grandes fiestas y en ayudar a sus amigos; olvidándose de la pobre Pymecienta.

Un día, el Príncipe Estado decidió organizar una fiesta para que acudieran sus súbditos. Pymecienta se puso muy contenta, se quitó el uniforme de trabajo, y cuando se disponía a salir...

- ¿Adónde vas Pymecienta?

- Madrastra Administración Pública, voy a la fiesta del Príncipe Estado, para ver si consigo que me ayude.

- Jajaja, qué tonta eres, Pymecienta: Allí sólo pueden ir empresas grandes y los amigos del Príncipe a pedir ayudas.

Y así se quedó la pobre en casa llorando, porque nadie le daba no ya una ayuda, sino siquiera un mísero credito.

Pero entonces, tras un fogonazo, se le apareció su Hada madrina, que al verla desconsolada le dijo:

- No llores, Pymecienta, te voy a transformar en Banca en apuros para que puedas ir a la fiesta. Pero recuerda que debes marcharte antes de que llegue el Auditor europeo, ya que si no lo haces, se verán los agujeros que hay ocultos en tu vestido.

Fue así como Pymecienta pudo marchar a la fiesta del Príncipe Estado, montada en una preciosa carroza decorada con grandes sueldos; y tirada por los ahorros de toda la vida de mucha gente.

Cuando llegó a la celebración, encontró muchos manjares: préstamos del Banco Central Europeo al 0,5%, avales estatales baratos y abundantes, y hasta una fuente de ayudas directas.

Al ver el Princípe Estado a la bella Banca en apuros, se acercó presuroso. Le dio como presente un par de zapatos, y la quiso presentar al Auditor europeo. Se acordó entonces nuestra amiga del consejo del Hada, y salió corriendo en su carroza, antes de que se descubriesen los agujeros que tenía en su vestido.

Aunque ya era tarde, pues mientras marchaba a su casa, los grandes ahorros de toda la vida que tiraban del carro se transformaron en ridículas participaciones preferentes, y ella de nuevo en una simple empresa pequeña a la que nadie quería.

Iba nuestra pobre Pymecienta llegando a su cuarto cuando se le cayó uno de los zapatos, que recogió su Madrastra:

- ¡Dame mi zapato, Madrastra Administración Pública!: Me los ha regalado el Príncipe Estado.

- Está bien, quédatelo, le dijo la Madrastra, ante el asombro y algarabía de nuestra pobre amiga.

Y fue entonces cuando Pymecienta tuvo que salir corriendo... Porque la Administración Pública, enfadada de que tuviese algo, le subió el Impuesto de Sociedades al 35% y tuvo que dejarle su vestido.

¡Estaba desnuda!


jueves, 9 de mayo de 2013

RAJOY, EL MONJE Y LA MONTAÑA AZUL


A lo largo de la serie de artículos con más de un año que estamos publicando, puede verse que se van cumpliendo unas previsiones simplemente por el hecho de que se realizan con sentido común.

Ese mismo sentido es el que necesitamos para adoptar medidas que comiencen a sacarnos de la crisis.


Mayo de 2013:

Tras haber llegado España a los 6 millones de parados, Mariano Rajoy decide visitar al Gran Monje de la Montaña Azul para oír sus consejos. Se organiza una misión secreta para evitar que Ángela Merkel, poco dada al misticismo, boicotee el viaje. Finalmente el Presidente llega a la Montaña:

- RAJOY: Oh gran monje, que conoces nuestros inescrutables destinos y eres más grande que nuestra deuda autonómica, dime qué he de hacer para solucionar el problema del paro.

- GRAN MONJE: Te lo diré sin ser prolijo, la respuesta la tendrás si resuelves tres veces un acertijo... Éste es el primero:

Un barco está escorado y los marineros cayéndose al mar. ¿Qué harías en primer lugar: Tratar de salvarlos o estudiar la manera de subir más?

- RAJOY: (Tras pedir una previsión de respuesta a Luis de Guindos para hacer lo contrario):  

Tratar de salvar a los que se caen, y solucionar el problema del barco, pues de nada sirve intentar montar a más gente si la nave sigue escorada. 

GRAN MONJE: Has respondido con verdad, así que te daré el segundo acertijo sin maldad:

Si una cañería tiene un agujero, ¿qué harás para que llegue agua al otro extremo?: ¿Echar más agua o taparlo primero?

- RAJOY: (Después de realizar una videoconferencia con los responsables hidrológicos de varias comunidades autónomas que, obviamente, no se pusieron de acuerdo): 

Tapar el agujero, porque si no lo hago, ¿de qué me valdrá echar más agua?

- GRAN MONJE: Me impresiona tu sabiduría, oh Presidente, así que podrás responderme al acertijo siguiente:

Un jinete va montado en un burro y al llegar a una gran cuesta ve que no puede más, ¿qué hará?: ¿Golpearle con la vara para hacerlo avanzar, o bajarse del burro para que tenga menos peso y que pueda subir más?

- RAJOY: (Esta vez se da cuenta de que necesita el consejo de alguien especialmente avispado, así que llama a un sindicalista con sueldo millonario en una caja de ahorros): 

Pues lo mejor será bajar del burro, y más bien ayudarle a subir.

Y ahora, Gran Monje, dime la solución al problema de paro...

- GRAN MONJE: La respuesta, oh Mariano, tú mismo te la has dado (y desapareció).

Tras mucho cavilar en vano qué habría querido el Monje decir, y sobre todo el sentido de sus extrañas palabras, Rajoy decidió acudir a uno de los treinta empleados de la empresa pública dedicada a la interpretación del lenguaje monacal con cargo a los Presupuestos del Estado; y le respondió lo siguiente:

- El barco escorado es nuestra economía, y los marineros que caen los parados. Lo primero que hay que hacer es evitar que despidan a los que tienen trabajo, que se están yendo al agua, tratando de reflotar el barco mediante la creación de negocio; lo cual creará también más puestos de trabajo. De otra forma, si solamente se estudia la manera de subir más gente a un barco en esas condiciones, aguantarán allí tal vez un rato, pero al poco tiempo acabarán yéndose al mar como los primeros.

- La cañería son los bancos, con sus agujeros por los que se escapa el dinero que se les da, tratando de tapar sus propios problemas. Sólo llegará el crédito al otro extremo (a las empresas), y por tanto se creará empleo, si buscamos vías alternativas y seguras que garanticen que el dinero no se quede en el camino.

- El burro es nuestra economía real, la que crean empresas y familias con su trabajo, y el jinete el Estado con sus impuestos. Si en tiempos de crisis el Estado en vez de ayudarle le fustiga aún más con sus impuestos, sólo conseguirá reventar al burro. Lo que tiene que hacer es más bien tratar de aliviar su carga, y en todo caso impulsarle a salir adelante.

Entusiasmado estaba Rajoy con las tres lecciones, tanto que se dirigió inmediatamente al aeropuerto de vuelta a España... Pero en ese momento se despertó: ¡Se había quedado dormido en la replica de la contrarréplica de la sesión parlamentaria sobre el gran pacto contra el desempleo!


miércoles, 8 de mayo de 2013

UNA SALIDA FABULOSA A LA CRISIS: De bancos y pymes


- Papá, cuéntame un cuento…

- Muy bien, hija, te contaré una fábula; pero luego prométeme que te duermes.

- De acuerdo, papá.

Hace no mucho tiempo, en un campo cerca de aquí, vivían una hormiguita y una cigarra.

La hormiga era muy trabajadora. Se levantaba cada día temprano y trataba de conseguir toda la comida posible, para que no le faltase de nada a ella y a su familia durante el invierno.

La cigarra, por el contrario, era poco previsora. No trabajaba prácticamente nada, y sólo agarraba la comida que le llegaba sin esfuerzo adonde ella estaba.

Y mientras la hormiga trabajaba de sol a sol, la cigarra la miraba y le decía: “Pareces tonta, ¿no te das cuenta de lo bien que se vive aquí tirada sin hacer nada?” Pero la hormiguita seguía con su labor, sin atender esas malas palabras.

La hormiga iba juntando poquito a poco comida en su casa, contenta porque no le faltaría nada en el invierno. Pero la cigarra derrochaba todo lo que iba consiguiendo, y no guardaba nada para más adelante.

Y la cigarra le seguía diciendo a la hormiga: “Pareces tonta, ¿no te das cuenta de que yo vivo feliz, mientras tú trabajas duro y consigues muy poco?” Pero la hormiguita seguía sin hacer caso, y continuaba con su trabajo contenta.

Llegó el invierno, tan frío y duro que hasta a la hormiga se le acababa la comida que tenía acumulada. Al ver cómo la cigarra pasaba más alegre y contenta que nunca le preguntó: “Cigarra, ¿cómo no estás hambrienta y triste como yo?” Y ella le respondió: “Pues porque me han llenado mi despensa de comida: Me la reponen cada vez que se me acaba y ¡más barata!”.

Y continuó: “Ya te lo dije, hormiga: eres tonta, te matas a trabajar de sol a sol, y yo soy la que disfruto”. Así que la hormiga se fue triste, sin entender nada…

- Papá, ¿y cómo se llamaba la hormiguita?

- Pyme, hija mía.

- ¿Y la cigarra?

- Banca.

- Papá, ¿y tienen mamás la hormiguita y la cigarra?

- Sí, hijo: La mamá de la cigarra Banca se llama Banco Central Europeo… Pero la hormiguita Pyme está huérfana.

(…)

- Papá no puedo dormirme.

- ¿Por qué, hija?

- Tengo pesadillas…


martes, 7 de mayo de 2013

ECONOMÍA E IMPUESTOS: La noria y los panes con trampolín


Fue todo un acontecimiento: Tras los esfuerzos de muchos años, la noria estaba lista en el pueblo. Ahora por fin podrían tener pan cada día, gracias al giro de las palas de la rueda, transmitiéndose a las piedras, que molían el trigo.

La economía ha de entenderse como un todo, con elementos interconectados y que se afectan mutuamente.

Durante todo ese tiempo, los habitantes habían ido aportando dinero poco a poco para que el alcalde pudiese encargar la noria, pues ninguno allí tenía dinero suficiente para hacerlo.

Los impuestos cobran su sentido cuando, aparte de resolver problemas sociales, sirven para acometer obras en bien de la sociedad que de otro modo no podrían realizarse.

Ahora cada mañana iban con el trigo a molerlo. Y con gusto dejaba cada uno un par de panes para dar de comer al supervisor de la noria; y también al alcalde, que había sido su impulsor.

Todo transcurría con normalidad, hasta que un día Anselmo tardó el doble de tiempo en moler su trigo. Tanto que se formó una cola hasta ese momento inexistente en el molino.

Preocupados, acudieron en busca del supervisor, que se encontraba en ese momento en el bar con el alcalde. Cuando por fin llegó a la noria, se percató de que una gran masa de algas había atascado el engranaje, y con gran esfuerzo consiguió que volviera a funcionar.

Si los poderes públicos dejan de percibir la responsabilidad de su trabajo, que entre otras cosas es el motivo de su remuneración, la economía no funciona, de la misma manera que no lo hace si los trabajadores no acuden a sus puestos o los empresarios dejan de crear empresas.

Pero lo peor sucedería más tarde, cuando un día la noria se paró. Y al asomarse a la acequia, los habitantes vieron que el río estaba seco. Se reunió una gran multitud de todo el pueblo, y empezó a recorrer el cauce seco hacia arriba para ver qué sucedía.

No habían transcurrido más de 100 metros, cuando se dieron cuenta de por qué la noria se había parado, y con ella el pan que molían cada mañana.

¿Acaso no le daban al supervisor dos panes cada día y otros tantos al alcalde?

Allí estaban sus panes futuros. Y el futuro del pueblo. Ahogado.

Piscina. Habían construido una piscina.


lunes, 6 de mayo de 2013

MANUEL, CON DOLORES, NOS SACA ADELANTE: Los héroes de las pensiones (*)


No entendiste, Manuel, a tu hijo Alejandro cuando te comentó que iba a comprarse un chalet en las afueras, con piscina y jardín.

Porque sabías lo que cuesta sacarse las castañas del fuego, y habías luchado junto a Dolores -tu mujer- durante más de 40 años por lograr que tus hijos tuviesen un futuro mejor. Y nunca pudiste tener jardín.

Luego vino la boda de Fátima, tu hija menor, con casi 500 invitados. Tras la ceremonia, cuando entraste en el gran salón de celebraciones, te pareció que iban a recibir a una gran estrella, y no a vosotros. Pero por los hijos había que darlo todo: ¿Acaso no habían sido por ellos vuestros esfuerzos?

Por eso no entendías que Esther y Beltrán, tus primeros nietos, no apreciasen tantas cosas de las que disfrutaban. Y provocaban situaciones incómodas en tus visitas con la manera que tenían de responderte. Pero al ir a reprenderles, no te dejaban para no causarles no sé qué daño psicológico.

También recuerdas ahora aquella bicicleta que le compraste al primer hijo de Alejandro; y que tuviste que dejar en casa cuando te enteraste que su padre le había encargado una moto pequeña en Alemania.

Y el caso es que, cuando de vez en cuando sacabas tu vieja calculadora de rollo de papel blanco y hacías cuentas, no te cuadraba cómo Alejandro podía vivir de esa manera. Pero Dolores, tu mujer, te decía que los tiempos debían de haber cambiado.

La primera fue Fátima, tu hija menor, en venir un día a pedirte algo de dinero para la siguiente letra del coche. “¿Estaba tan mal el otro cuando lo cambiaste a los tres años?", casi te atreves a soltar; pero pensaste que por esa vez no montarías un jaleo familiar.

Como tampoco querías montarlo cuando al poco volvió a venir con no sé qué excusa. “¿Pero no seguís con la promoción?”, ya le tuviste que decir. “Se están retrasando las ventas de pisos, pero vamos que en un par de meses te dejamos los niños para celebrarlo en Costa Rica como siempre”, respondió ella.

Y para qué hablar del taller que tras cuarenta años le habías dejado a Alejandro: Estaba irreconocible. Todos con batas blancas, como si fuera aquello un quirófano de coches. “Así es como se hacen ahora las cosas en Alemania”, seguía insistiendo; y más desde que se trajo la moto pequeña para tu nieto.

“Pues en Alemania deben de cobrar caro, porque para los dos coches que te han entrado esta mañana…” Eso, y que te oyera llamar al taller “Frankfurt sin salchicha", hicieron que dejara de hablarte un mes tu hijo. Pero es que no sabía comprender que te preocupabas por él y por lo que tanto te había costado levantar.

Hoy te he vuelto a encontrar en el parque, adonde sueles ir por las mañanas porque no te gusta ver a Dolores, tu mujer, cosiendo ropa de otros para ayudar con las hipotecas de tus hijos. A estas alturas de la vida en que los dos ya habéis perdido mucha vista; pero no tanta como para no haber percibido antes que nadie lo que iba a venir.

Cuando me he cruzado contigo, llevabas un sobre en la mano: La parte de la pensión que cada mes destinas a Fátima, ya sin promoción ni Costa Rica, y a Alejandro, que ha cerrado el taller y colgado las batas blancas.

Te he saludado como cada mañana con un “me alegro de verte”, que tú piensas está fuera de lugar porque no nos conocemos de nada, y pones un gesto de sorpresa cascarrabias.

Pero no te das cuenta de que, efectivamente, me alegro de verte. Porque cada día hay alguien en ese parque, en ese barrio, que nos recuerda que las cosas había que hacerlas de manera diferente.

Que tenías razón cuando pensabas que todos se habían vuelto locos, aunque Dolores te echase su mirada de que te callaras. Y que todo ha acabado como intuías cuando sacabas tu calculadora de rollo de papel blanco.

Y te digo que me alegro de verte porque, a tus 82 años, eres un héroe para mí. Porque tus hijos pasan duros momentos, y tus nietos no tienen ya caprichos, pero a todos les queda mucha vida por delante.

Como la que os va faltando a ti y a Dolores, a la que no puedes ver cosiendo a estas alturas en casa. Y tú no puedes ni siquiera consolarte con una cervecita con tu amigo Andrés. Porque la cerveza está dentro de ese sobre que llevas en la mano. Para tus hijos.

Tú no tienes gente que te aplauda, Manuel, y te lo mereces. Porque a estas alturas de la vida eres tú, con Dolores, quien nos saca adelante. Y alguien puede olvidarlo en ese parque, en España.

Por eso te digo que me alegro de verte.


(*) El sábado asistí a un debate donde se habló del tema de las pensiones. Quise defender la realidad humana que hay detrás de ellas, con verdaderos héroes como Manuel, personaje real del que hablamos hace un año y que todavía me sigo cruzando. Sigue bien de salud, y sigue siendo un héroe; al menos para mí.


viernes, 3 de mayo de 2013

LO URGENTE E INMEDIATO PARA LA CRISIS: El vaquero que sabía demasiado


Francisco siempre fue una persona capaz, y sacó la carrera de veterinaria con nota. Por eso su padre, y todo el pueblo, estaban muy contentos cuando decidió volver a hacerse cargo de la vaquería.

Todos aguardaban con expectación las mejoras que se realizarían, y que su padre había compartido en el bar del pueblo antes incluso de que llegara el primogénito.

No era para menos, pues todos dependían de esa vaquería: El futuro del pueblo estaba ahora en manos de Francisco; pero eso se sentía más como un orgullo que como un riesgo.

Tras unas semanas de descanso en el expectante pueblo, Francisco se puso finalmente manos a la obra:

Comenzó haciendo una distribución distinta de espacios en la vaquería, que denotaban sus aptitudes por la arquitectura; carrera que finalmente descartó para hacerse experto en animales.

Tras un estudio pormenorizado, diseñó un nuevo sistema automático de ordeño; y su padre comprobó con asombro que lo que a él le llevaba toda una jornada, ahora se realizaría en menos de una hora.

Pero lo que más impacto produjo fue que se pintara la vaquería de verde, que por lo visto mejoraba el estrés de los rumiantes. Eso, y el suelo cubierto de corcho, eran el principal tema de conversación en el pueblo.

Y así fue pasando el tiempo, hasta que llegó la esperada inauguración.

Tras un paseo guiado por el interior, donde Francisco explicó con detalle a todo el pueblo las reformas y magníficas mejoras, fruto de la aplicación y estudio, se dirigieron a por los animales, sin quererse perder ninguno el funcionamiento de la nueva vaquería.

Llegaron todos emocionados al prado, y...

... Todas las vacas estaban muertas. ¡Francisco no les había dado de comer en todo ese tiempo!

P.D.: Las vacas se llamaban Autónoma, Pyme y Familia.