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viernes, 9 de noviembre de 2012

EL REY Y LA PARÁBOLA: Quién para la bola


PALESTINA. AÑO 33.

El Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.

Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer, sus hijos y todo cuanto tenía, y que así se le pagase.

Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré". Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

Al salir de allí aquel siervo, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes".

Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré". Pero él no quiso, sino que fue y lo encerró en la cárcel hasta que pagase lo que debía.

Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido.

Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?"

Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía.


ESPAÑA. AÑO 2.012.

El Reino de España es semejante a un Estado que quiso resolver la crisis.

Al empezar a resolverla, le fue presentado un banco que debía 10.000 millones de euros. Como no tenía con qué pagar, ordenó el Estado que fuese intervenido, juzgados sus directivos y vendidos sus activos, y que así pagase.

Entonces los directivos se echaron a sus pies, y postrados le decían: "Ten paciencia con nosotros, que todo lo pagaremos". Movido a compasión el Estado, los dejó en libertad y les resolvió la deuda a base de inyectarles dinero público.

Al salir de allí los directivos, se encontraron con uno de sus clientes, que les debía diez mil euros; le agarraron y, ahogándole, le decían: "Paga lo que debes".

El cliente, cayendo a sus pies, les suplicaba: "Tened paciencia conmigo, que ya os pagaré". Pero ellos no quisieron, sino que fueron y le desahuciaron, y le dejaron más deuda por pagar todavía.

Al ver sus vecinos lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar al Estado todo lo sucedido.

El Estado entonces los mandó llamar y les dijo: "Directivos malvados, yo os pagué a vosotros vuestras deudas con dinero público porque me lo suplicasteis. ¿No debíais vosotros también compadeceros de los desahuciados, del mismo modo que yo me compadecí de vosotros?"

Y encolerizado el Estado, les entregó una pensión de 6 millones de euros a cada uno, y mandó inyectar 60.000 millones de euros más de dinero público en los bancos.