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miércoles, 16 de enero de 2013

LA CRISIS Y EL ARROYO COLORAO (II): De deudas y cadenas


Un día vino una gran sequía que afectó a toda la región, y los pueblos cercanos reclamaron su agua a Campoalto.

De nuevo volvieron a sonar las campanas, tocadas con más fuerza que nunca por don Bartolomé, tan enfadado como el resto de los parroquianos.

Y el alcalde pedáneo alzó su voz, que en realidad era la de todos: “Campoalteños, nuestros pueblos hermanos nos reclaman toda el agua. Y dicen que la quieren de golpe: ¡Pues que vengan ellos a sacarla del arroyo Colorao!, jajaja”, dijo entre la algarabía general, porque el río permanecía seco desde hacía más de ocho años.

Entonces María Antonia, la anciana el pueblo, volvió a mascullar: “Agua ajena, agua cadena". Pero el alcalde la oyó esta vez, y con la poca simpatía que le despertaba alguien que nunca le había votado, siguió con las chanzas delante de todo el pueblo:

- A ver, María Antonia, con la cantinela. Tal vez quieras explicárnosla a nosotros que no tenemos tu sabiduría…

- Sabiduría yo poca –le replicó la anciana–, pero años más que ninguno. Sólo he dicho lo que me repetía mi Basilio antes de morir: "Si pides algo, no olvides que tarde o temprano tendrás que pagarlo... O te lo harán pagar". Porque señor alcalde: ¿Dónde están los burros trayendo el agua hoy de los pueblos vecinos?

Y fue entonces cuando todo Campoalto se dio cuenta de que ese día no habían venido los cántaros de agua. Y dejaron de reírse de los pueblos de al lado…

… Para empezar a pensar qué les podrían ofrecer a cambio de que les siguiesen mandando más agua; porque la necesitaban para beber y regar las huertas.

Comprendieron que su agua, la del arroyo Colorao, les había pertenecido, y no tenían que devolvérsela a nadie; pero la que le habían prestado se transformaba ahora en una pesada losa.

El problema de España está en el gran volumen de su deuda, que pronto alcanzará el 100% de lo que es capaz de producir en un año.

Ello supone que este año tendremos que pagar unos intereses de 38.000 millones de euros, más que el gasto total de los ministerios juntos.

Pero por encima de los intereses, está el gran tamaño de esa deuda, que hay que devolver... O pedir más dinero prestado, que hace la bola cada vez mayor.

Ese día, Campoalto se dio cuenta de que no perdió sólo el agua cuando dejó de tener la suya propia... Había perdido la libertad.

Como había advertido María Antonia: El agua ajena era cadena.