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lunes, 26 de septiembre de 2011

DECISIONES ECONÓMICAS: el turbante de nuestros dirigentes

Ayer, entre un par de cervezas, un amigo me contó el extraño sueño que había tenido pocos días antes:

Iba un señor con con traje y corbata caminando por el desierto. Bueno, en realidad no caminaba, porque sus pies estaban como a un palmo del suelo. Hacía un calor insoportable

De repente se encontró con un beduino sentado en la arena. Estaba mirandole fijamente a los ojos, mientras el del traje observaba el cubo lleno de agua que el habitante del desierto tenía a sus pies.

Iba nuestro personaje a abalanzarse sobre el preciado bien, cuando el beduino le soltó: "Extranjero, tengo para ti tres noticias: Una es mala, otra buena y la última tal vez mortal".

El de la corbata se quedó perplejo. No estaba precisamente para juegos. Pero se llenó de paciencia y le siguió la cuerda al sedente, mientras se achicharraba de calor:

- ¿Cuál es la mala?

Sacó entonces el beduino un pequeño frasco y vació su contenido en el cubo y su agua. Al ver la cara de sorpresa de su interlocutor, el árabe comentó al extranjero que acababa de echar un potente veneno en el agua.

Reprimiéndose las ganas de estrangular al beduino con su propio turbante, el encorbatado continuó:

- ¿Y cuál es la buena?

Que este veneno sólo te afecta a ti –siguió el beduino–, así que te llevarás el cubo con el agua y tendrás que vaciarlo en el lugar más apropiado. Si actúas con sabiduría y sentido común, el cubo volverá a llenarse de agua fresca y vivirás...

Pero si malgastas el agua y la pierdes, morirás. Ésta es la tercera noticia.

Cogió el del traje el cubo deseando estampárselo al beduino. Pero no pudo, porque había desaparecido.

Siguió entonces el protagonista caminando por el desierto maldiciendo su suerte y la centenaria historia de sus habitantes. La cabeza le estallaba, por el calor y de darle vueltas a las tres noticias. Estaba él como para pensar mucho…

Así, medio mareado, se topó con un bereber. “Lo que me faltaba –pensó- otro adivino”. Pero éste no le propuso más acertijos, sino que le pidió un poco de agua para echar en su tinaja.

Aparte de que el entrajetado no tenía ninguna gana de compartir su agua, vio que la tinaja tenía agujeros por todos lados. Así que despachó al nuevo personaje con una mueca de desprecio. “¡Vas tú listo!” -murmulló-, y siguió caminando.

Al poco, se encontró con un tuareg. “Vaya, otro que me pide algo; seguro” -pensó-. Estaba el nuevo habitante del desierto debajo de un palo largo y delgado. Seco. Y mientras nuestro protagonista lo miraba, le dijo el tuareg: “Mi palmera. O lo que era mi palmera. Se ha secado”.

“Lo siento, amigo”. Dijo entre condescendiente y displicente el de la corbata. “¿Me la riegas un poco?” –suplicó el tuareg-. Como el protagonista no se desenvolvía bien en el lenguaje del desierto, le respondió en español: “Ya si eso te digo luego”. Y continuó su camino.

Al fin, se encontró con varias gallinas. Pensó que era un espejismo… Pero no. Cuando cogió los tres huevos que habían puesto, se convenció de que su suerte podía cambiar.

Y aunque ya no le quedaba ni media neurona fresca, pensó: “si me como los huevos que hay y le doy el agua a las gallinas, tendré más huevos, con lo que no me moriré de hambre”.

¡Perfecto! Así que cogió el cubo, y cuando lo iba a volcar en el bebedero de las gallinas... Salió corriendo, buscó al hombre de la tinaja agujereada, y volcó el agua en ella. Perdió el agua. Y murió. Tal y como le había avisado el beduino.

Mi amigo se despertó del sueño-pesadilla en ese momento. ¡Qué historia más rara! Y con final tipo Almodóvar... Desde luego pensó que la cena a base de arroz con dátiles le había sentado realmente mal. Para qué habría ido a un restaurante libanés...

Pero sobre todo se decía: "¡Será tonto el del traje y corbata del sueño! Vamos para estrangularle...", se dijo. "Aguantándole toda la pesadilla, para que luego el tío vaya y le dé todo el agua al de la tinaja agujereada". Ya estaba de mal humor, y eso que sólo había sido un mal sueño...

Tras arreglarse para ir al trabajo, se compró un periódico económico. Agarrado a su taza de café en el bar de siempre, leyó las noticias de portada antes de salir disparado a su despacho:

- La Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) necesita una inyección de 10.000 millones de euros antes de fin de año, para poder cumplir con sus compromisos de deuda.

- Las hipotecas han caído un 47% en julio con respecto al mismo mes del 2010.

- El turismo en España crecerá este año en número de personas un 9%, y el gasto de cada turista un 8%. El crecimiento más alto de toda la historia.

Y por fin:

- El Gobierno y la Unión Europea se comprometen a hacer lo que sea por asegurar los recursos necesarios a la banca.

Mi amigo se puso indignado:

- ¿¡Es que nuestros dirigentes no tienen sentido común!? ¿Cómo es posible que le den más dinero público a la banca, a la CAM?

- ¿Pero a qué se dedican? ¿Van a echar nuestros recursos en la tinaja agujereada que son los bancos? Y eso después de haber fomentado y regado el sector inmobiliario, que ahora estaba seco…

- Pero si no paramos de darle todos los recursos públicos a la banca..., y el agua se les va por los orificios tapando sus deudas, sin que el resto veamos ni un préstamo…

- ¿¡Quén va a poner coto a la barra libre de dinero para los bancos!? ¿No tendría más sentido volcar nuestros recursos en el turismo y otros sectores que tiran de nuestra economía?

- Y sobre todo: ¿Cómo iba a crecer la economía? ¡Si estamos todo el día viendo cómo tapamos el agujero del Estado y el de la banca, y las gallinas muertas de sed y muriéndose! Hoteles, restaurantes, bares... Caso de dar ayuda a alguien, ¿no habría que centrarse en nuestros sectores más competitivos?

Cerró mi amigo el periódico y se dispuso a pagar... Pero se le fue la cabeza a la foto de portada: La última sesión del Parlamento. Los diputados despidiéndose entre ellos... De traje y corbata. Caminaban, pero como a un palmo del suelo... De la vida real.