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martes, 7 de mayo de 2013

ECONOMÍA E IMPUESTOS: La noria y los panes con trampolín


Fue todo un acontecimiento: Tras los esfuerzos de muchos años, la noria estaba lista en el pueblo. Ahora por fin podrían tener pan cada día, gracias al giro de las palas de la rueda, transmitiéndose a las piedras, que molían el trigo.

La economía ha de entenderse como un todo, con elementos interconectados y que se afectan mutuamente.

Durante todo ese tiempo, los habitantes habían ido aportando dinero poco a poco para que el alcalde pudiese encargar la noria, pues ninguno allí tenía dinero suficiente para hacerlo.

Los impuestos cobran su sentido cuando, aparte de resolver problemas sociales, sirven para acometer obras en bien de la sociedad que de otro modo no podrían realizarse.

Ahora cada mañana iban con el trigo a molerlo. Y con gusto dejaba cada uno un par de panes para dar de comer al supervisor de la noria; y también al alcalde, que había sido su impulsor.

Todo transcurría con normalidad, hasta que un día Anselmo tardó el doble de tiempo en moler su trigo. Tanto que se formó una cola hasta ese momento inexistente en el molino.

Preocupados, acudieron en busca del supervisor, que se encontraba en ese momento en el bar con el alcalde. Cuando por fin llegó a la noria, se percató de que una gran masa de algas había atascado el engranaje, y con gran esfuerzo consiguió que volviera a funcionar.

Si los poderes públicos dejan de percibir la responsabilidad de su trabajo, que entre otras cosas es el motivo de su remuneración, la economía no funciona, de la misma manera que no lo hace si los trabajadores no acuden a sus puestos o los empresarios dejan de crear empresas.

Pero lo peor sucedería más tarde, cuando un día la noria se paró. Y al asomarse a la acequia, los habitantes vieron que el río estaba seco. Se reunió una gran multitud de todo el pueblo, y empezó a recorrer el cauce seco hacia arriba para ver qué sucedía.

No habían transcurrido más de 100 metros, cuando se dieron cuenta de por qué la noria se había parado, y con ella el pan que molían cada mañana.

¿Acaso no le daban al supervisor dos panes cada día y otros tantos al alcalde?

Allí estaban sus panes futuros. Y el futuro del pueblo. Ahogado.

Piscina. Habían construido una piscina.


lunes, 6 de mayo de 2013

MANUEL, CON DOLORES, NOS SACA ADELANTE: Los héroes de las pensiones (*)


No entendiste, Manuel, a tu hijo Alejandro cuando te comentó que iba a comprarse un chalet en las afueras, con piscina y jardín.

Porque sabías lo que cuesta sacarse las castañas del fuego, y habías luchado junto a Dolores -tu mujer- durante más de 40 años por lograr que tus hijos tuviesen un futuro mejor. Y nunca pudiste tener jardín.

Luego vino la boda de Fátima, tu hija menor, con casi 500 invitados. Tras la ceremonia, cuando entraste en el gran salón de celebraciones, te pareció que iban a recibir a una gran estrella, y no a vosotros. Pero por los hijos había que darlo todo: ¿Acaso no habían sido por ellos vuestros esfuerzos?

Por eso no entendías que Esther y Beltrán, tus primeros nietos, no apreciasen tantas cosas de las que disfrutaban. Y provocaban situaciones incómodas en tus visitas con la manera que tenían de responderte. Pero al ir a reprenderles, no te dejaban para no causarles no sé qué daño psicológico.

También recuerdas ahora aquella bicicleta que le compraste al primer hijo de Alejandro; y que tuviste que dejar en casa cuando te enteraste que su padre le había encargado una moto pequeña en Alemania.

Y el caso es que, cuando de vez en cuando sacabas tu vieja calculadora de rollo de papel blanco y hacías cuentas, no te cuadraba cómo Alejandro podía vivir de esa manera. Pero Dolores, tu mujer, te decía que los tiempos debían de haber cambiado.

La primera fue Fátima, tu hija menor, en venir un día a pedirte algo de dinero para la siguiente letra del coche. “¿Estaba tan mal el otro cuando lo cambiaste a los tres años?", casi te atreves a soltar; pero pensaste que por esa vez no montarías un jaleo familiar.

Como tampoco querías montarlo cuando al poco volvió a venir con no sé qué excusa. “¿Pero no seguís con la promoción?”, ya le tuviste que decir. “Se están retrasando las ventas de pisos, pero vamos que en un par de meses te dejamos los niños para celebrarlo en Costa Rica como siempre”, respondió ella.

Y para qué hablar del taller que tras cuarenta años le habías dejado a Alejandro: Estaba irreconocible. Todos con batas blancas, como si fuera aquello un quirófano de coches. “Así es como se hacen ahora las cosas en Alemania”, seguía insistiendo; y más desde que se trajo la moto pequeña para tu nieto.

“Pues en Alemania deben de cobrar caro, porque para los dos coches que te han entrado esta mañana…” Eso, y que te oyera llamar al taller “Frankfurt sin salchicha", hicieron que dejara de hablarte un mes tu hijo. Pero es que no sabía comprender que te preocupabas por él y por lo que tanto te había costado levantar.

Hoy te he vuelto a encontrar en el parque, adonde sueles ir por las mañanas porque no te gusta ver a Dolores, tu mujer, cosiendo ropa de otros para ayudar con las hipotecas de tus hijos. A estas alturas de la vida en que los dos ya habéis perdido mucha vista; pero no tanta como para no haber percibido antes que nadie lo que iba a venir.

Cuando me he cruzado contigo, llevabas un sobre en la mano: La parte de la pensión que cada mes destinas a Fátima, ya sin promoción ni Costa Rica, y a Alejandro, que ha cerrado el taller y colgado las batas blancas.

Te he saludado como cada mañana con un “me alegro de verte”, que tú piensas está fuera de lugar porque no nos conocemos de nada, y pones un gesto de sorpresa cascarrabias.

Pero no te das cuenta de que, efectivamente, me alegro de verte. Porque cada día hay alguien en ese parque, en ese barrio, que nos recuerda que las cosas había que hacerlas de manera diferente.

Que tenías razón cuando pensabas que todos se habían vuelto locos, aunque Dolores te echase su mirada de que te callaras. Y que todo ha acabado como intuías cuando sacabas tu calculadora de rollo de papel blanco.

Y te digo que me alegro de verte porque, a tus 82 años, eres un héroe para mí. Porque tus hijos pasan duros momentos, y tus nietos no tienen ya caprichos, pero a todos les queda mucha vida por delante.

Como la que os va faltando a ti y a Dolores, a la que no puedes ver cosiendo a estas alturas en casa. Y tú no puedes ni siquiera consolarte con una cervecita con tu amigo Andrés. Porque la cerveza está dentro de ese sobre que llevas en la mano. Para tus hijos.

Tú no tienes gente que te aplauda, Manuel, y te lo mereces. Porque a estas alturas de la vida eres tú, con Dolores, quien nos saca adelante. Y alguien puede olvidarlo en ese parque, en España.

Por eso te digo que me alegro de verte.


(*) El sábado asistí a un debate donde se habló del tema de las pensiones. Quise defender la realidad humana que hay detrás de ellas, con verdaderos héroes como Manuel, personaje real del que hablamos hace un año y que todavía me sigo cruzando. Sigue bien de salud, y sigue siendo un héroe; al menos para mí.


viernes, 3 de mayo de 2013

LO URGENTE E INMEDIATO PARA LA CRISIS: El vaquero que sabía demasiado


Francisco siempre fue una persona capaz, y sacó la carrera de veterinaria con nota. Por eso su padre, y todo el pueblo, estaban muy contentos cuando decidió volver a hacerse cargo de la vaquería.

Todos aguardaban con expectación las mejoras que se realizarían, y que su padre había compartido en el bar del pueblo antes incluso de que llegara el primogénito.

No era para menos, pues todos dependían de esa vaquería: El futuro del pueblo estaba ahora en manos de Francisco; pero eso se sentía más como un orgullo que como un riesgo.

Tras unas semanas de descanso en el expectante pueblo, Francisco se puso finalmente manos a la obra:

Comenzó haciendo una distribución distinta de espacios en la vaquería, que denotaban sus aptitudes por la arquitectura; carrera que finalmente descartó para hacerse experto en animales.

Tras un estudio pormenorizado, diseñó un nuevo sistema automático de ordeño; y su padre comprobó con asombro que lo que a él le llevaba toda una jornada, ahora se realizaría en menos de una hora.

Pero lo que más impacto produjo fue que se pintara la vaquería de verde, que por lo visto mejoraba el estrés de los rumiantes. Eso, y el suelo cubierto de corcho, eran el principal tema de conversación en el pueblo.

Y así fue pasando el tiempo, hasta que llegó la esperada inauguración.

Tras un paseo guiado por el interior, donde Francisco explicó con detalle a todo el pueblo las reformas y magníficas mejoras, fruto de la aplicación y estudio, se dirigieron a por los animales, sin quererse perder ninguno el funcionamiento de la nueva vaquería.

Llegaron todos emocionados al prado, y...

... Todas las vacas estaban muertas. ¡Francisco no les había dado de comer en todo ese tiempo!

P.D.: Las vacas se llamaban Autónoma, Pyme y Familia.


martes, 30 de abril de 2013

QUIÉN SALVA NUESTRA ECONOMÍA: Bienvenido Mr. Ciudadano


Tras años de fuerte gasto, en temas que muchos ciudadanos se preguntan para qué han servido, nuestra deuda se ha disparado a niveles difícilmente sostenibles.

El total de lo que debe el Estado, será pronto igual a lo que produce en un año todo el país, incluyendo empresas y familias. Es decir, que tendríamos que pasar 365 días sin comer ni beber, sin vestirnos y sin ningún gasto, trabajando de sol a sol, para poder pagarla.

Por eso se entiende que los intereses -sólo los intereses- que tenemos que pagar por esa deuda hayan llegado a 40.000 millones de euros al año: más de lo que cuesta todo el desempleo de nuestros parados, y más de lo que gastan todos los ministerios.

Pero tal vez lo más insostenible sea su crecimiento: Cuando parecía que habíamos dejado atrás los años en que nos gastábamos mucho más de lo que ingresábamos, en 2.012 nos permitimos el lujo de pasarnos en más de 100.000 millones de euros, algo que para cualquier persona o familia sería disparatado en los tiempos actuales.

Y mientras nuestros dirigentes -pasados y presentes- se muestran incapaces de frenar esta sangría estatal y autonómica, se han dirigido ahora no ya a Europa, que hace tiempo que dejó de ser una unidad, sino a Alemania para que apoye a nuestras pymes.

No resulta fácil, porque Alemania se opone a facilitar unas ayudas de las que no nos cree merecedores, y su política pasa ahora más bien por mirarse a ella misma y ver lo que más le beneficia. Si Europa no cree desde hace tiempo en sí misma, no va a ser Alemania quien convenza de ello a sus contribuyentes.

Ayer se reunieron el Ministro de Economía español Luis de Guindos y el alemán Wolfgang Schäuble. Al final, lo que se anunció fue que se ofrecería a inversores alemanes entrar en las pymes españolas, invirtiendo su dinero.

Siguiendo con nuestro papel de anticipación a los acontecimientos, queremos aquí hacer una proyección de lo que muchos esperan de tan genéricas intenciones:


No hace mucho, España era una nación autónoma que no necesitaba pedir ayuda a países externos para competir con sus empresas. Ahora necesitamos asistencia para que nuestras pymes no acaben por cerrar todas, como a diario vemos en nuestras ciudades.

Si realmente queremos que nuestros autónomos y pymes sobrevivan, tiene que haber una economía boyante, o al menos no moribunda, que se apoye en el consumo interno: El de los ciudadanos, el de cada día.

Pero si el Estado consume lo poco que tienen en el bolsillo, con impuestos que luego se despilfarran en muchas partidas incomprensibles, no habrá nadie que pueda consumir, y crear economía.

Porque no podemos esperar salvadores externos, sino ayudarnos a nosotros mismos... Dejando respirar a la economía, sin asfixiarla.

Bienvenido Mr. Ciudadano, español.



lunes, 29 de abril de 2013

DIARIO DE LA QUIEBRA DE ESPAÑA: Bailando con lobos


Aquel día de marzo de 2011 bajó la prima de riesgo. Eran tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero. Y alguno de los que habitaban en las alturas me llamó para decirme -medio en serio medio en broma- que tenía que cambiarle el nombre a este blog, porque la crisis estaba por acabar.

Y no vio que eran años de lobos...

Amaneció el 21 de noviembre del 2011, y con la victoria del nuevo partido, alguien que iba a habitar en las alturas me llamó para decirme -muy en serio- que ya podía estar pensando en un nuevo nombre para el blog, que la crisis terminaría en breve.

Y no vio que eran años de lobos...

La semana pasada, con la bajada de la prima de riesgo y la escalada en la bolsa, en Madrid alguien que habita en las alturas me recomendó -en serio- buscar otro nombre para el blog, porque la crisis estaba remitiendo.

Y no vio que eran años de lobos...

Este viernes, con el Consejo de Ministros, muchos se dieron cuenta de que son años de lobos; y que tal vez nuestra mayor misión haya sido avisar, gritar:

- Para que ese señor que nos llamó en Málaga sintiera finalmente que sus ahorros estaban a salvo.

- Para que un madrileño nos dijese que cogería un trabajo que miraba con desdén, porque no era ni mucho menos lo suyo.

- Para que ese jubilado catalán nos dijera que dejaría hasta su vinito del mediodía para sacar adelante a su familia, que a esas alturas de la vida incluia a los hijos y a los nietos.

Porque son años de lobos...

Aquí ya lo sabíamos, lo sabemos. Y lo saben todos ahora: Los tiempos que nos ha tocado vivir.

Si no te anticipaste, si no lo has visto venir, si no lo creíste...

Prepárate, porque vamos a bailar con lobos... En la economía. La que viene. La que está aquí.


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