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martes, 4 de octubre de 2011

SOLUCIONES RADICALES A LA CRISIS: ¿Un sendero justo?

Manuel Sencillo nunca fue una persona llamativa. De una familia de clase media, desde pequeño le gustó llevar una vida tranquila y sin grandes sobresaltos; en Ciudad Real.

Aunque su padre era abogado, él nunca se vio atraído por montar un despacho o empresa alguna. De hecho, sólo terminó los estudios medios, a pesar de que su progenitor siempre le echó en cara su falta de aspiraciones en la vida.

Pero Manuel Sencillo en realidad sólo deseaba ganarse la vida con un sueldo normalito, para poder salir los sábados con los amigos, ir al cine y escaparse de senderismo los domingos, que le encantaba. Bueno, y para poder llevar una vida tranquila con Lola, su novia de toda la vida.

Contradiciendo las aspiraciones de su padre, Manuel consiguió -tras mucho esfuerzo y dos convocatorias- sacar plaza de funcionario como Agente de Medio Ambiente, en un Ayuntamiento a diez minutos de Ciudad Real. Influencias del senderismo –se decía–. En ese pueblo acabó por casarse y vivir al cabo de tres años.

Iba cada día al Ayuntamiento a coger el coche para las gestiones de ese día. La verdad es que estaba ya un poco viejo. Bueno, y ahora un poco ridículo al lado de los nuevos vehículos de sus compañeros en el Consistorio. De hecho, habían aparecido Audis, e incluso algún BMW.

Manuel Sencillo llevaba la vida tranquila que siempre quiso. Por eso, nunca envidió a las personas del pueblo de su edad que habían progresado mucho últimamente. El pueblo había crecido por la parte sur gracias a ellos, que –con el apoyo de la caja de ahorros provincial- habían hecho dos nuevas urbanizaciones.

“Manolo, parece mentira que con lo que tu familia y tu valéis, te hayas quedado en funcionario”, le decían con un punto de desprecio. Pero a él le daba igual. ¿Para qué quería ganar más si con lo que tenía le daba para llevar la vida soñada? Él no necesitaba BMW, ni casa con jardín. Con Lola y el niño, y su pisito -que pagaba poco a poco a la caja de ahorros-, le bastaba.

Aunque Manuel llevaba un tiempo preocupado. El nuevo aeropuerto de Ciudad Real se estaba construyendo a pocos kilómetros del pueblo, y él, acostumbrado a su ruta diaria por el término municipal y el senderismo de los domingos, veía peligrar su tranquilidad.

“Te ahogas en un vaso de agua, Manuel”, le decían en el Ayuntamiento. “¿No ves que en breve podremos ir al el extranjero en menos de una hora?”. A él le sonaba a chino: ¿Para qué se iba a ir fuera de España si no conocía ni Galicia?

Pero ahora Manuel Sencillo no era realmente una persona feliz. No por el ruido, porque aún no habían llegado los aviones al aeropueto -y se rumoreaba que nunca lo harían-, sino porque veía el pueblo muerto.

Los que habían construido las urbanizaciones habían tenido que irse. Dicen que porque la caja de ahorros ya no les daba más dinero para terminar las casas. Además, habían cerrado los cines. Con lo que le gustaba ir allí con Lola…

Y también era el mundo al revés, porque había escuchado a alguien decir a sus espaldas en el bar: “Mira ése, se nota la familia que tiene, seguro que le han enchufado, y ahora tiene un buen sueldo de funcionario por no hacer nada”.

Pero si él llevaba cinco años igual, yendo cada mañana a por el coche para hacer su ruta… Bueno, la verdad es que igual no, porque el sueldo se lo habían rebajado ya dos veces. Y ahora casi no llegaba a fin de mes.

Hoy Manuel Sencillo había llegado triste a casa. Y Lola lo había notado en la manera de abrir la puerta. No había dicho nada en toda la comida. Había oído que estaban echando a los funcionarios en algún sitio de Europa. Quién sabe si aquí sucedería lo mismo...

Sólo había comentado: “Lola, a ver cuándo llegan los aviones. Tal vez  tengamos que coger alguno”.


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10 comentarios:

  1. Hola, soy Manuel Sencillo. ¿Realmente soy un parásito social? Cuando la gente se reía de mi porque no tenía para un todoterreno de lujo, ni para comer todos los días en restaurantes, ni tener un abono para el Bernabeu, ni mi mujer podía presumir de estrenar ropajes de marca, entonces era un pringao, un "rata" que no quería gastar más de lo que tenía. Ahora tengo que soportar a diario los comentarios de amigos y familiares recordándome que prácticamente soy el culpable de la situación: "Si los funcionarios tienen la culpa de todo, hay demasiados, había que echarlos a todos..."
    Sobretodo, si trabajas en Medio Ambiente en Ciudad Real y tu labor es vigilar que no se malgaste en exceso el agua, y tienes como una de tus misiones sancionar a los que vulneran la norma. A ti, entonces, habría que echarte dos veces.

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  2. Yo soy funcionario.
    Políticos que han despilafarrado, aunque no esté en código penal, a la cárcel, y a pagar sus deudas.
    Quien cobre o pague una factura sin iva, multa gorda.
    Inspecciones de trabajo en bares y restaurantes los fines de semana sin aviso.
    Pluriempleo prohibido igual que los funcionarios.
    Prohibido endeudarse por cualquier administración.

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  3. Muy, muy bueno el artículo y real como la vida misma. No hay nada como tener a mano muchos Manuel Sencillo para que los que hicieron "progresar" el pueblo se vayan de rositas y encima, dejen con el muerto a los Manuel Sencillo.

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  4. Muy bueno,aunque a primera vista es muy literario, lo que cuentas no es ficticio, lo que cuentas es verdaderamente real. Los que provocaron este caos se han ido de rositas y las clases medias van a la ruina. Y no digamos ya los funcionarios. Laa masas, la plebe vocifera y grita pidiendo un paseo y un fusilamiento diario en todas las plazas y a la luz del dia de los funcionarios excedentes.

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  5. Hay muchos funcionarios que como otros, pagan el pato. También es cierto que hay mucho vividor entre el funcionariado... y no hay quien controle la falta de organización y distribución de trabajo en los órganos estatales.

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  6. Siempre he creído que hablar de funcionariado es como hablar de fútbol, política o religión. No se puede realizar un perfil justo del mismo, y dependiendo de la postura, siempre acaba mal. La política ha desmembrado España, y no en comunidades autónomas; sino en la España pública y la privada. Sustentándose en tiempos pasados han ido realizando labores en beneficio de los empleos públicos a costa de los privados. Empezando por el ejército y demás cuerpos de seguridad (que ya me pregunto yo por qué tantas fuerzas si sólo persiguen a ciudadanos que infringen administrativamente) y así extendiéndose a todos. El problema es que el empleo público es como la deuda soberana, se sustenta en el PIB, no pasaría nada sino se hubiesen puesto miles de mecanismos que, en los momentos bajos, lastran. Que un funcionario se queje porque le bajan el sueldo, hombre no es justo en tanto en cuanto tiene muchas prebendas y privilegios que el privado no tiene. Un funcionario no produce riqueza, esto es un hecho y, en muchos casos, trabaja en contra de ésta. No por su culpa particularmente sino porque se articula de tal manera que hace que todo se lento cuando la economía debiera de ser ágil. ¿La culpa? El político. Obama tiene razón al exponer su hastío con Europa. Es demasiado lento todo.

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  7. Soy hija de funcionaria y conozco un poco los entresijos de la Administración Pública. Hay muchos Manuel Sencillo, sin duda. Pero es que ese no es el espíritu necesario, ni en lo púlico ni en lo privado: el funcionariado tiene un grave problema de desmotivación en su trabajo, de pasar la bola para que el que venga después lo solucione, de ganarse el sueldo por "fichar" y no por trabajar. De hecho, uno de los principales escollos de España es que los trabajadores "fijos" de la empresa privada también se "funcionarizan".

    Es malo generalizar y también es malo echarle las culpas de todos los males de España a un colectivo, pero si todos estamos viendo peligrar nuestros puestos de trabajo y nuestros ingresos ¿ellos se iban a quedar al margen?

    Hay superávit de funcionarios. Posiblemente también haya superávit de bares. La diferencia es que a Manuel Sencillo le pago yo y por eso me creo con derecho a exigir mayor productividad de los funcionarios y amortización de puestos de trabajo. Hay que reducir el déficit ¿recordáis?

    También es cierto que a estos (y a los que vengan, que ya sabemos que son iguales) les da por ahorrar el chocolate del loro y se siguen repartiendo "las bufandas" pero eso es algo que Manuel Sencillo lo debería de denunciar, que para eso tiene muchas más pruebas que yo

    Firmado: Revoltosa

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  8. Muchas gracias por pensar en un sector tan desprestigiado "historicamente" pero tan necesitado actualmente.

    Somos el punto de mira y la salvación del mundo mundial!!!! quien nos lo iba a decir!!!! nuestro sueldo de "no trabajar" salvando a los grandes trabajadores que viven del morro.

    En fin y a lo que iba GRACIAS, de otra Manuel pero menos sencilla, yo antes muerta!!!! pero digna

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  9. Divide y vencerás. Están consiguiendo enfrentaros...

    Trabajo en la privada y rompo una lanza a favor de los funcionarios. No estoy de acuerdo en algo de lo que dijo NDT. Un profesor, un investigador y muchas otras profesiones generan riqueza. Otra cosa es que se investigue poco, porque el presupuesto sea saqueado por ciertas personas carentes de moral o ética alguna.

    Además entre el funcionariado están los que se encargan de proteger parte de nuestra riqueza. Bomberos, policías, médicos, agentes forestales, etc, etc.

    Saludos.

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  10. No creo que el señor Arroyo esté específicamente hablando del funcionariado, sino del grupo de gente que no especuló, que no quiso entrar en el juego de los duros a cuatro pesetas y que simplemente se dedicó a hacer su trabajo para vivir la vida que le apetecía, no a la que le empujaba el entorno ni la sociedad de consumo.

    Por otro lado, me parece penoso que pueda haber personas que sostengan la lógica de que "como nosotros estamos mal, ellos (poned aquí el colectivo que sea) tienen que estarlo tambien".

    De la misma forma, decir que el funcionario no crea riqueza es lo mismo que decir que un médico en un CAP no crea riqueza, o que un inspector de hacienda no crea riqueza, o que un guarda forestal no crea riqueza: una enorme tontería que queda muy bien decir.

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